Al maestro con cariño

Tendría yo cuatro años más o menos. Los ochentas estaban comenzando. Iba al laburo de mi mamá, los estudios Phonalex, donde se grabaron muchos sonidos que le dieron palabra a gran parte de nuestro cine y música nacional. Caminábamos cerca de la calle Dragones en el bajo Belgrano cuando lo vi por primera vez. No sé porque me quedo grabado ese momento pero así fue. Venía caminando en nuestra dirección, vestía algo blanco. Podría haber sido cualquier otra persona pero lo que me llamó la atención fue algo notorio en su cara, su inconfundible bigote bicolor. “Ese es Charly García” me dijo mi papá.
Años más tarde me contaba mi madre que allí grababa él, “no sabes el humo que salía de esos estudios!“. De aquél momento a nuestros días escuche toda la obra de quien (para mí) lleva el título de mejor artista del rock nacional. Y éste título lo abarca no solo en el sentido musical sino en el plano cultural donde definió una manera distinta de hacer y vivir el rock.

Carlos Alberto García comenzó a interesarse por la música a los tres años de edad, y a los doce ya era profesor de piano y solfeo. Fue parte de bandas emblemáticas de nuestro rock: Sui Generis, La máquina de hacer pájaros y nada más ni nada menos que Seru Giran. Sus trabajos siempre ofrecieron búsquedas musicales adelantadas, en muchos casos, a su tiempo. El artista que trajo el sintetizador a nuestras tierras mientras el resto lo miraba con asombro como quien mira raros peinados nuevos. Y como si su costado musical no bastara, es un letrista que supo plasmar realidades y fantasías de una manera exquisita para dar forma a sus canciones.

Como el escándalo vende más que el arte, muchos de los recuerdos que quedan en la cabeza de la gente están asociados con destrozos de hoteles, bajadas de pantalones en medio de un show, llegadas muy tardes a sus recitales, inclusive un salto a una pileta desde el balcón de una habitación y un desmejoramiento en su salud hasta tocar fondo en un pasado bastante reciente.
Hoy escucho a más de uno, en muchos casos con el título de “autorizado” en la materia, criticando a García. Evaluando si está a la altura del genio que llegó a ser. Escudriñando cada presentación en vivo y esperando el equívoco, el desatino en una melodía, en una nota o en un gesto. Como cuervos que rondan a una presa, están aquellos que años atrás se regodeaban con el gran maestro de la música. Aquellos que pensaron que estaba loco y en realidad era solo una manera de actuar. Aquellos que aseguraban que estaba solo mientras él estaba conectado con todo lo demás.

Y es en este momento que pienso, ¿qué derecho tenemos de pedirle lo que se nos venga en gana a Charly? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a un artista que nos dio tanto? ¿Qué tan lejos está la figura de Charly de la mediocridad y el contexto musical promedio? En un presente donde lo inmediato es más importante que la historia, quiero apretar un poco el freno y mirar atrás. Ver a una persona que compuso “Los dinosaurios” pintando aquel pasado nefasto que colmó de tanto hijo de puta al poder e hizo borrar del planeta a tanta gente. Pienso en aquel García que cuando Amnesty International cerró la gira a nivel mundial en nuestro país allá por 1988, le dijo a Bruce “The Boss” Springsteen : “Acá el jefe, soy yo“. Se me eriza la piel al escuchar una y mil veces “Desarma y sangra” y aquellas líneas que de chico leí por primera vez “no existe una escuela que enseñe a vivir“. Recuerdo cuando Pablo llegó a casa una tarde de verano, en aquellos días que empezaba a estudiar música y mientras ponía “A los jóvenes de ayer” me miró y me dijo “Esto es impresionante!“. García me cantó verdades como tantos otros pero en aquellos días de adolescencia, tratando de escapar a falsos profetas él me confesaba que “No tengo nadie que yo quiera escuchar, ni pasiones para abrigarme. No tengo máscara, no tengo disfraz ni señales para guiarme. Al menos hoy“. El mismo que me contaba autobiográficamente “Escuché a los Beatles y me fui a buscar la soledad

Si pienso en aquellas epifanías que nos brinda la vida, a cada cual con lo que más le guste, recuerdo una que fue sutil, y que me hizo llorar de la alegría. Era en el viejo estadio de Obras devenido luego con otro nombre comercial. Fuimos a ver a Charly y quedó con su piano tocando una formidable versión de Fanky y la hermosa Hilda Lizarazu bailando con su enigmática figura “Gozar, es tan necesario mi amor”. Si pienso en el rock nacional esa es una de las imágenes que primero llegan a mi mente.

¿Qué mayor reconocimiento a su carrera que el de una mujer como la hermosa Mercedes Sosa?. Aquella que confesó en más de una oportunidad que Charly era como su hijo y se alegraba como una madre en cada abrazo que le daba. Nadie deja de reconocer a cada paso la genialidad de García y el aporte a nuestra música. Enormes de la talla de Spinetta, Paez y Cerati han hablado maravillas de él y hasta León Gieco le puso música y letra a esa gran verdad “Somos los salieris de Charly, le robamos melodías a él“. Si tuviéramos que pensar en una sola canción, si tan solo recordáramos “Inconsciente Colectivo”, se puede pensar en la música nacional sin esa canción? “Ama la libertad, siempre la llevaras, dentro del corazón”.

Cuando García anuncio su vuelta a los escenarios, luego de haber estado tan mal sentí una sensación de tranquilidad. Una alegría como la que se siente cuando una persona querida vuelve desde lejos. Y sinceramente me importaba un carajo si la música iba a estar a la atura de las circunstancias. Quería verlo. Quería saber que aun se reía. Que tenía mucho por vivir. Es como dijo el mismo Charly en una entrevista con Badía: “¿Por qué hay que decir que uno está contento? Estoy contento porque estoy con vos”. En ese momento no quería mas, quería simplemente saber que estaba. Y así fue. Esa noche llovió como nunca. “El primer concierto subacuático” decía Charly sobre el escenario. Quedamos retratados con Pablo en la foto del disco. Nuestras caras se ven entre la multitud, las lagrimas de alegría se disimulan con el agua.

Charly es para mí un genio indiscutido. Un tipo que es lo suficientemente loco como para poder ver mas allá y dejar la mediocridad (que para más de uno es normal) de lado. Vuelvo a recordar aquella calle en el bajo Belgrano, la tarde y el olor de la ciudad. Pienso en todo lo que García nos dio, en todo lo que hay para decir sobre él y el tipo con el bigote bicolor que se me acerca y como quien suma pinceladas a la realidad me gusta creer que al pasar se detiene, mira a éste chico de cuatro años y le susurra al oído: “no digas nada mas pibe, la vanguardia es así …

Gracias Charly


3 pensamientos en “Al maestro con cariño”

  1. Me encantó leer esto. Hay un montón de sentimientos revoloteando entre párrafos. Muy buen homenaje a uno de nuestros grandes

  2. Muy bueno Seba !!, 3 momentos que recuerdo con respecto a Charly

    * Enero del 83, viaje de egresados de 7 grado en Bariloche. Sonaba con todo Sui Generis, Serú y mi vieja me regalaba mi primer casette: Clicks modernos, empezaba a tomar contacto con Charly.
    * 30 de diciembre del 92 (creo). Se junta nuevamente Seru, voy a River, termina un show increible, se va mucha gente, apagan las luces. De repente vuelven, sentados en el paso. Tocan 1 hora más temas de los Beatles, Lito Nebia y otros.
    * 2010 , concierto subacuático en Velez, mojado hasta el apellido.

    Abrazo

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