Buenos Aires

Mantengo una relación de amor inquebrantable con Buenos Aires. Tengo recuerdos de sus calles que me acompañan desde chico, cuando trepaba las rejas de cada local y trataba de alcanzar con la vista el final de sus edificios. Recuerdos de sus plazas, sus balcones, sus anchas avenidas y sus pasajes empedrados. Una ciudad con tantos contrastes que puede sorprendernos a la vuelta de cada esquina. Dueña de matices que nos inundan y atraviesan haciéndonos parte de lugares mágicos y misteriosos.

Buenos Aires es arquitectura. Sus formas y sus años de construcciones que reúnen todos los estilos. Sus barrios tan disimiles y sin embargo parte de una misma cosa. Buenos Aires es nostalgia. Es el tango que habla de alegrías, desamores y tristezas. Es la pasión de aquellos que se juntan en un café y suben la voz defendiendo lo que aman. Buenos Aires es su gente. Aquellos que caminan sistemáticamente yendo a sus trabajos, hablando de política, futbol, de la familia, los amigos y de aquel almuerzo del domingo. Un penal mal cobrado, un golazo de cabeza. Aquellos bien o mal llamados porteños, que aman, lloran, maldicen, piensan y caminan estas calles. Una ciudad a trasmano de todo, llegando tarde a las obligaciones del ayer. Un hormiguero de almas que peregrinan incansables en busca de un día más sobre esta tierra.

Tengo mis citas diarias con Buenos Aires. Trato de develar su encanto en cada encuentro. Nuestro lugar son sus calles y nuestra charla es la música que suena en mis auriculares. La ciudad me habla en aquellas canciones. Encuentro en ellas las fotos que dibujan su historia, su pasado y presente. Los buenos y malos momentos que vivieron y viven quienes la recorren día a día. Baglietto dijo alguna vez que “cuando los besos envenenan o cuando llueve en Buenos Aires, cuando se pone el sol en la imaginación” y pienso en el efecto narcótico de su encanto y la invitación que siempre nos propone disfrutarla y soñarla de mil maneras distintas. Veo a un pueblo que manifiesta sus descontentos en las calles mientras Paez me dice que “en esta puta ciudad todo se incendia y se va, y matan a pobres corazones”. Y eso nos llena de miedo por momentos. Como Garcia cuando pedía que por favor no la bombardeen. Y nos aseguraba que hay “terror y desconfianza por los juegos, por las transas, por las canas, por las panzas, por las ansias, por las rancias cunas de poder”. Intento descubrir de donde viene entonces su encanto. Quizás es una especie de hechizo en esta “ciudad de brujas y de asfalto, un puerto sin salida al mar” como Frenkel nos cuenta. Quizás el encanto sea parte de una relación enfermiza y devoradora. Pienso y sigo pensando, pero Vicentico asegura que de todos modos ya es “tarde para reaccionar, la ciudad va a reventar, el camino es largo, y Buenos Aires arde”. Atribulado por no encontrar una respuesta le hago caso a Luca y me escapo del sol. Entro en el “subte Línea B y me alejo más del cielo”. En la superficie sigo recorriendo y finalmente creo en las acertadas palabras de Cerati cuando la define exquisitamente como la ciudad de la furia, mientras yo camino invisible al tránsito de los demás, “donde nadie sabe de mí y yo soy parte de todos”.

Buenos Aires puede dejarte solo o abrazarte por momentos. Si querés puede hacerte parte de sus sueños y de su misterio. Solo hay que prestar atención a los detalles. Encontrar en esos monumentos, en aquellas plazas, en esas paredes. Los rastros de los días que se transitaron. Si te dejas llevar por la invitación vas a quedar prendido de una sensación inexplicable. Solo si prestas atención al pulso de Buenos Aires y llegas al lugar indicado, en el momento justo. Solo si la amas con sus grises y sus soles. Solo entonces quizás escuches como un susurro casi imperceptible la voz de esta ciudad que te dice: “mi encanto es el reflejo de los sueños de mi gente”


Un pensamiento en “Buenos Aires”

  1. Seba! Pero qué bueno!
    Hace un par de días me senté en la plaza del Obelisco a escuchar música y captar un poco de sol en mi horario de almuerzo y me puse a pensar en muchas de las cosas que propone tu nota. Pensé en la gente alrededor, los que corrían y los que no tenían a donde ir. Pensé en qué linda es esta ciudad (después de haber visitado otras emblemáticas) y en que no tiene nada que envidiar a ninguna.
    Yo también veo la ciudad a través de mis auriculares y me gusta ver a los que hacen lo mismo que yo y preguntarme en qué estarán pensando.
    Ahora sabemos qué pensas vos!

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