Crisálidas

Dorotea llora con el hocico entre las patas, mientras la tarde de un verano encubierto se apura a inundar las calles del pueblo. Es la época donde las voces vuelven, y en ciertas esquinas anuncian entre susurros, un futuro utópico. Él lo sabe. Las ha escuchado desde chico. Aunque los años, según cree, han ido menguando la suerte de encontrarlas. 

Cerca de la vieja campana del ferrocarril Pablo se detiene y espera poder oírlas. Ansía que una triza de aquel impúdico presagio lo atrape y lo condene nuevamente. Que abuse de sus certezas y lo engañe con sus mentiras, a cuenta de poder llorar en reversa y navegar ríos de lágrimas, hacia costas vírgenes del peso del tiempo. Allí aguarda, a merced.

De a poco, en la ahogada tarde ausente de gente, siente algo que roza sus cabellos a la altura de la nuca; un zumbido anuncia la llegada y una silueta borrosa toma forma, acercándose. Mientras tanto, junto a las vías, Dorotea llora. Extraña las pulgas que por primera vez no siente en su cuerpo. Extraña la picazón y el placer de rascarse.

“If dreams come back to me I’ll pretend that I don’t see
I’ll just cover my eyes instead.
It’ll surely come. Here it comes again”

The Ballad Of Red Buckets – Yo La Tengo (Stuff Like That There, 2015)


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