De un campeón a otro

“¡Qué hacés campeón!” Me saludaste así desde siempre. Desde mis primeros pasos por éste mundo y hasta la última vez que nos vimos.

Te me fuiste demasiado rápido papá, quedaban muchos mates por compartir. Quizás como tantas veces que fuera de tu casa te levantabas y mirando a mamá le decías, “Bueno ¿vamos?” Por esa necesidad de llegar temprano, de llegar antes. De estar a tiempo. Quizás así te fuiste ahora, a encontrarte con tantos otros. Aquellos que te quisieron, tanto como los que hoy te despedimos.

Y fuimos muchos.

Todos y cada uno me dijeron con sus palabras las mismas cosas “Un gran hombre tu viejo. Un ejemplo. Siempre con un chiste, siempre regalando cosas. Siempre solucionándonos la vida, siempre presente” Y si, eras así. Una persona que conocía todo el mundo, desde el mozo del Tortoni que me regalaba el café porque “¿Como te voy a cobrar? ¡Vos sos el hijo de Coco!” Hasta la chica de la panadería, aquella con la que compartían el fanatismo azul y oro. Por todo lugar por donde vos habías pasado, yo iba al tiempo y resultabas mi mejor carta de presentación. “¡Que tipazo tu viejo!” Y a mi se me ensanchaba el pecho, por el orgullo de ser tu hijo. Porque vos eras todo eso que yo ya sabía y la gente me recordaba a cada rato. “Hoy lo vi a tu viejo” me decían mis amigos. Y la fija era que siguieran con: “y me contó un montón de chistes, ¡uno atrás del otro!” Hoy mas de uno me lo recuerda. Y sé que lo hacías porque te gustaba robarnos una sonrisa. Siempre lo lograbas, desde el momento que empezabas a contarlos.

Me enseñaste tantas cosas… A tomarme el tiempo, a no apurarme. Y cuando me contabas como resolver algo porque vos ya lo habías desentrañado en tu cabeza, me mirabas y llevándote el dedo a la sien me decías: “¡¡¡Riñones!!!”. Me inculcaste el gusto por encontrarle la magia a las cosas, a los lugares, a la gente. A que si uno las busca, ahí están. Y lo mas lindo a veces no es encontrarlas, sino el poder buscarlas. Me enseñaste a amar con pasión, como la amaste a mamá y a toda la familia, durante todos éstos años. Me enseñaste a respetar las cosas importantes, pero a no tomarme todo demasiado en serio, a reírme de mi mismo y de paso aceptar que las cosas a veces son de la forma que tienen que ser y no como uno quisiera.

Hoy me dejás un vacío que lo creo infinito y es porque antes estaba lleno de cosas; de tantos lugares, de tantos universos. Vos eras mi papá, pero también mi amigo, mi maestro, mi cómplice. Vos eras la música, que me enseñaste a amar desde pibe y me hiciste conocer infinidad de melodías y artistas. Vos eras el fútbol, tu Boca amado que te ponía los ojos vidriosos y te anudaba la garganta cuando gritabas sus goles. Vos eras Buenos Aires donde siempre tenías un lugar para recomendarme y alguien por quien preguntar. Y vos eras el que me decías como llegar siempre a todos esos lados, sin mapa de por medio. Eras el amor por los libros, abriéndolos con cuidado para no marcarlos. Las películas que me contabas de punta a punta. Tu escepticismo por cuanta religión había dando vueltas, pero tu creencia total en que hay vida mas allá de éste viejo planeta y éste cuerpo en el que transitamos.

Ese vacío se ira llenando nuevamente, de a poco. Pieza a pieza, como los LEGO que me comprabas de pibe. De los recuerdos, de tus enseñanzas. Cuando vea alguna de James Bond (solo las de Connery, obvio) o cualquiera de la saga de Rocky. Cuando escuche cantar a tantos que amabas disfrutar, como Sinatra, Aznavour, la Piaff; o no pueda evitar mover el pié al ritmo de la Fénix Jazz Band. En los libros de esas novelas policiales que devorabas (Ludlum primero de todos); o leyéndole un cuento de Tintín a Santiago, tu nieto, al que adorabas. En los números de la quiniela, esos en los que siempre encontrabas el entramado para calcular el que salía a la cabeza, ¡y le pegabas bastante! En las comidas que nos hacías (y no, el asado nunca nadie lo hará mas rico que vos viejo). En todos esos espacios y en muchísimos más, estarás siempre. Entre mates, cigarrillos, vinos y sidras. Iré llenando el vacío con fragmentos de un todo infinito, único y hermoso que eras vos: Coquito, Coquiño, Cocucho, Coco… mi viejo.

Hoy que no entiendo nada, que quiero despertar de un sueño, así y todo me doy cuenta de algo. Y es que te guardaste el mejor chiste para contarnos al final, “Resulta que había un hombre al que todos conocían como Coco…” Y sabremos que el chiste será que no te fuiste, que te quedaste en nuestros corazones y entonces, solo ahí… reiremos.

Gracias viejo, no me alcanzan todas las palabras del mundo para decirte lo que te quiero. Nos veremos nuevamente algún día. Y cuando eso pase levantarás la mano en alto, sonreirás achinando esos hermosos ojos y otra vez escucharé tu voz saludándome, “¡Qué hacés campeón!”

Hasta siempre papá,
Seba


3 pensamientos en “De un campeón a otro”

  1. Yo me imagino, cuando alguien se va, como lo reciben en el cielo……
    Olvidate, ya están todos cagándose de risa…..
    Meta mate y fútbol……
    Te abrazo primo de mi corazón….!!
    💜😘💚

  2. yo lo veia cada tanto en la Muni ,,,, y mucho más seguido en el Crocco, hablábamos mucho de los perros, los ovejeros,,,y obvio de Santi, los 5 minutos q compartíamos se llenaba la boca hablando se su amado Santi,
    fuerte abrazo Seba!! te quiero mucho!!
    sé que gran parte de lo que sos es reflejo de su crianza,,,,
    y él está tranquilo, como se lo veia siempre,,,, con una paz increíble,, que su hijo es la mejor persona del mundo!

  3. Querido Seba, no tuve la suerte de conocer a tu viiiejo, pero si tuve la suerte de conocerte a vos. Algo que siempre pensé, y pude validar a lo largo de mi corta existencia, es que cada uno es en muchos aspectos el reflejo de sus viejos. Si vos sos aunque sea la mitad de buen tipo (y “afable” :P) que tu viejo, no tengo duda de que haya sido un tipazo!
    Puede que ya no esté físicamente entre nosotros, pero estoy más que seguro que sigue vivo en vos, así como en algún momento vos seguirás vivo en Santiago. De eso se trata la vida, no? De dejar una huella en la gente que uno quiere y aprecia. Y es que después de haber leído lo que escribiste, es indudable que tu viejo dejó una huella enorme en vos.

    Abrazo grande, campeón! 🙂

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