El fin del mundo

A comienzos del año pasado, recuerdo haber reescuchado varios discos de R.E.M. Aquella gran banda norteamericana del estado de Georgia. Música que suelo frecuentar tanto por la variedad de paisajes sonoros a los que invita, como así también por las exquisitas letras del mítico Michael Stipe. Fue en este mismo año en que editaron su último trabajo “Collapse Into Now” (Colapsar en el ahora). Un gran trabajo lleno de matices y de espacios conocidos y felices de transitar para aquellos que gustamos de la obra de ésta gran banda.

Llegando a fin de año los R.E.M. anunciaron su separación, en buenos términos y por creer que era el momento para hacerlo. Recuerdo haber escuchado nuevamente “Collapse Into Now” y prestarle especial atención al último tema (ultimo tema del último disco… ¡todo un símbolo en si mismo!). Allí se encuentra “Blue” (Azul), una canción que lleva la suerte de tener como invitada nada mas ni nada menos que a Patti Smith. Y aquí se presentó ante mí una especial conjunción a la que ya he relacionado de un modo totalmente subjetivo en más de una oportunidad. Tal como R.E.M., Patti Smith ha logrado darle sonoridad a un gusto literario que tengo. A la lectura de los beats. Su música sin demasiado análisis lógico logra darle profundidad auditiva a las historias de los geniales escritores William Burroughs, Allen Ginsberg y Jack Kerouac. No, no me pregunten por qué. Simplemente es lo que mi cerebro se empeña en consensuar con mi corazón. Después de todo los paralelos entre el mundo de la música y la literatura pueden ser tan subjetivos como el significado que le demos a ambas expresiones artísticas. Sin embargo en algunos casos puede resultar tan fuerte al punto de creerlos absolutos. La lectura de Kerouac es en rigor, completamente distinta a cualquier estructura escrita conocida (mas que Burroughs o Ginsberg inclusive). No en vano lo han criticado y hasta dilapidado en su arte. Revolucionario por lo menos, asombroso en su mayor expresión. Kerouac supo plasmar una forma de relatar como un gran viaje cuanto sucedía en sus novelas de una forma descarnada, vertiginosa y bella. En sus palabras se entremezclan las historias de drogadictos, prostitutas, bohemios y soñadores. Casi siempre al sol de alguna ruta, en los bares mas perdidos de la ciudad o en las playas de la costa oeste en el Big Sur.

Otro paralelo o conexión entre el mundo de los literarios beats y la música se ha dado entre Burroughs y U2, cuando éstos lo invitaran a formar parte del video (oh apocalíptica casualidad) de “Last Night on Earth” (La ultima noche en la Tierra). Bono expresó su gusto por el escritor y en especial por la obra “Naked Lunch” (Almuerzo desnudo) y también recitó parte del genial “Howl” (Aullido) de Ginsberg en unas grabaciones que forman parte de los lados B publicados en la reedición de “The Joshua Tree” (El árbol de Joshua). Hasta Kurt Cobain solicito por escrito que Burroughs formara parte del video de “Heart Shaped Box” (Caja con forma de corazón) de “In Utero” (En el útero), interpretando una crucifixión. Esto nunca llegó a concretarse, aunque ambos se reunieron personalmente a posterior de la citada carta.

Pero volviendo a “Blue”, ésta canción no es sino una suerte de manifiesto beat donde Stipe declara en primera persona grandes verdades personales. Verdades que trato de tomarlas prestadas y de encontrarle un espacio personal a las puertas de un nuevo año. “I am made by my times, i am a creation of now” (Estoy hecho según mi tiempo, soy una creación del ahora) y ésta conceptualización del momento en que estamos y de lo que somos. El ahora con un mundo cada vez más complicado, más conectado y a la vez más distante. En una realidad donde el consumo absoluto es sueño y meta para muchos, Stipe sigue con “I don’t have much, but what i have is gold” (No tengo mucho, pero lo que tengo es oro). Y pienso en todo lo que el dinero no puede comprar y tiene tanta validez, tanto peso. Pienso en la mirada de un hijo, la eternidad misma.

Y en ésta reflexión sobre el fin de las cosas llega éste nuevo año, que según dicen seria el año donde todo terminaría. Profecía sobre alguna interpretación al legado de los Mayas, a una lectura sobre lo dicho por la cosmovisión de aquella gran civilización. La noticia obvia es que ésta no es la primera vez. La especie humana está tentada con encontrar aquello que sirva como Heraldo del último suspiro. Tentada con apagar la llave maestra y despedirse de todo lo conocido. Tentada del borrón y cuenta nueva (o borrón simplemente y nada mas). Quien sabe, algún día quizas acierten.

Por lo pronto sigo escuchando “Blue” y Stipe se sincera: “This is my time, and i am thrilled to be alive” (Este es mi momento y estoy emocionado con estar vivo). Y pienso que quizás sea eso lo que llene nuestros días, el emocionarse de estar vivos y hacer lo posible por seguir así. ¿Será este el año del fin del mundo? O será un cambio, como tantos. Para mi seguro que lo segundo. Vivimos en constante cambio, mantenemos nuestra esencia pero mutamos, nos reinventamos y tratamos de rearmar nuestros mundos y nuestros días. Ya lo hemos hecho antes y volveremos a hacerlo. Y en el medio quizás hasta tratemos de reírnos del asunto.

Mientras la noche se hace día, recuerdo otra canción de los R.E.M. allá a lo lejos, en la segunda mitad de los ochentas, donde se reían de la fatalidad anunciando el fin y corriéndose a un costado de lo tremendo del momento. Y me sumo a aquella frase, la grito muy fuerte para que se escuche y todos lo sepan, si después de todo y entre tanta noticia terrible, yo comparto el sentimiento de Stipe y su gente: “It’s the end of the world as we know it, and i feel fine” (Es el fin del mundo como lo conocemos, y yo me siento bien).

Fin del mundo, si estás viniendo, acá estamos …
… y la música sigue sonando.

R.E.M.
Collapse Into Now (2011)
Blue
5:45