El puente

Habían pasado muchos años desde que escuchó por descuido, que cruzando el río se levantaba otro pueblo costero. Pero mantuvo aquella idea alejada de toda realidad. Esa distancia bañada de aguas turbulentas hacía irreal lo factible.

Fue en una noche de verano cuando divisó ciertas luces que lo cautivaron. Había en ellas un fulgor distinto. Un brillo inusual que iluminaba el cielo de una forma extraña. Desde ese momento, comenzó a buscarlas al final de cada día, a esperarlas con la primera estrella. Y al hacerlo escuchaba la música que llegaba de esa otra orilla, virgen a sus oídos. Prestó especial atención y pudo divisar siluetas, formas y colores que danzaban a lo lejos, invitándolo a formar parte de un universo desconocido. Poco a poco se obsesionó con la idea de cruzar. Imaginó que lo que allí se encontraba, al otro lado del agua, era un paraíso. Quería caminarlo, y sentirlo con todo su cuerpo. Día a día esperó, anhelando y codiciando aquel Edén.

Cuando se enteró de la noticia, no pudo salir del asombro. La construcción del puente comenzaría al mes siguiente. Cruzar iba a ser posible. Esa tierra imaginada iba a ser real y él se preguntaba si finalmente estaría a la altura de sus sueños.

El mismo día que dieron por finalizada la obra comenzó a caminar. Temblaba, sentía náuseas y un malestar constante en el estómago. Vértigo a cada paso. Al llegar al otro lado supo que el destino de su viaje era inmensamente superior a todo lo imaginado. Se transformó finalmente en parte de esa música, de aquellos colores y de ese brillo. Recorrió calles y moradas. Bebió junto a esa gente. Aprendió sus costumbres. Fue a la vez víctima y victimario del crimen de saberse más vivo que nunca.

Muchos años después retornó al puente. Y observó la otra orilla a lo lejos. Se impresionó de la ausencia, de la lejanía, y se echó a andar una vez más. Al llegar a la mitad de aquel abismo, no pudo seguir avanzando, ni tampoco retroceder. Quedó paralizado entre dos mundos. En la nada misma que divide la vigilia del sueño, la noche del día y la vida de la muerte.

La noticia llegó a ambos lados, casi al mismo tiempo.
Nunca hallaron su cuerpo.

“Hoy te busqué en la rima que duerme con todas las palabras”
Puente – Gustavo Cerati (Bocanada, 1999)


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