El resultado

Ariel Duprat enunció el problema en su cátedra de cálculos complejos, un viernes casi al final de la clase. Al día siguiente murió en un accidente junto a otras cinco personas, en un colectivo que transitaba a pocas cuadras de la universidad.

En esa clase se encontraba Eugenio Viletti, quien sentía una gran admiración por él; por su capacidad y por su manera de transmitir los conocimientos del mundo matemático. Y al igual que su mentor, profesaba una enorme pasión por los números. La muerte de aquél fue un golpe muy duro y una ausencia que supo llenar con la determinación de ser, algún día, un profesional de su talla.

Los días siguientes los dedicó a resolver, incansablemente, el problema planteado; hasta que finalmente dio con el resultado. Al instante creyó equivocarse. Volvió a comenzar verificando cada valor, pero no había errores. El número obtenido coincidía perfectamente con la fecha en la cual Duprat había dejado este mundo.

¿Era una coincidencia acaso? Parecía demasiada absurda para ser verdad. Eugenio se sintió traumado por aquel dilema. Repasaba los valores en su mente y perdía el día resolviendo una y otra vez ese conjunto de ecuaciones. Sin embargo siempre la misma respuesta; los mismos números, exactos, como única salida a un universo de factores precisos e inalterables.

La determinación y el esfuerzo lo llevaron a recibirse con honores, años mas tarde, y a ejercer como profesor de matemáticas en distintas instituciones de la zona. Cierto día, en una clase abierta organizada por la Universidad de La Plata, fue invitado como principal disertante. Al finalizar el evento, un hombre se acercó a saludarlo, presentándose como Oscar Duprat, hermano de Ariel. Le dijo que sabía que había sido alumno de su hermano, por los años y el lugar en los que había cursado su carrera. Eugenio se mostró claramente sorprendido y lo invitó a tomar un café, así entabló una charla que se extendió por un par de horas, comentándole la admiración que sintió siempre por su hermano y como lo influyó a seguir la carrera que había elegido. Finalmente le consultó abiertamente, sobre el problema planteado por Ariel y la respuesta tan particular que arrojaban aquellos números. Oscar sonrió y le dijo que su hermano creía en que todo, absolutamente todo, era parte de un gran modelo matemático. Qué cada cosa estaba circunscripta en un sinfín de resultados parciales que definían cada estado, cada evento, a cada instante. “’Somos bichos determinísticos, el azar no existe’, solía jactarse. Así que no me sorprende lo que usted me cuenta”

Eugenio no podía contener la sorpresa: “Eso significa que el podía calcular ese tipo de cosas. ¡Que había descubierto un modelo matemático aplicable a nuestras vidas!”
“Le repito, nada me sorprendería de él” afirmó Oscar.
“¿Y porqué cree que no lo dio a conocer? ¿Porqué simplemente nos dejó aquel problema y nada más?”
“Mi hermano era una persona muy divertida. Le gustaba hacer bromas. Quizás fue su manera de reírse de la muerte. O quizás, dejándole ese problema, modificó un valor en alguna ecuación de ese modelo. Tal vez si no lo hacia, hoy yo no estaría hablando con usted. Tal vez usted no hubiera elegido esta profesión después de todo… quien sabe”

Eugenio se levantó excusándose. Necesitaba ir al baño. Allí dentro, frente al lavabo repasó las palabras del dialogo reciente. Súbitamente una duda se apoderó de él. Oscar había dicho algo sobre la capacidad de poner nuevos valores en las ecuaciones del modelo, transformando así el futuro en consecuencia. Eso significaba conocer la forma de alterar cualquier evento, y porqué no hasta la propia muerte. ¿Por qué su hermano no se lo habría planteado? ¿O quizás si? Salió decidido a preguntárselo, pero cuando llego a la mesa Oscar ya se había ido. El mozo se acercó al instante y le informó que el caballero le dejaba sus disculpas pero que se había tenido que retirar. Que la cuenta estaba paga y que le había dejado algo. Luego extendió su mano y le entregó un sobre. Al abrirlo, Eugenio encontró para su asombro, un nuevo problema matemático, definido al detalle, con las iniciales al pié: “A.D.”

Tiempo después intentó ubicar a Oscar, y al hacerlo descubrió que Ariel Duprat nunca tuvo hermanos. Aquella tarde Eugenio había compartido la mesa con una persona que quizás había logrado hacerle una broma al mundo, mintiendo sobre su muerte. O con alguien que quizás pudo descubrir un modelo matemático que subyace a todo y así hacerle una broma a la muerte, mintiendo sobre su vida.

Eugenio Viletti ya resolvió aquel otro problema, y ahora aguarda. Quizás la respuesta a todo llegue en esa fecha.

“It’s murder by numbers, one, two, three.
It’s as easy to learn as your ABC’s”

Murder By Numbers – The Police (Synchronicity, 1983)


Un pensamiento en “El resultado”

  1. UPS,no me gustan las matemáticas….Menos los cálculos complejos y se que me voy a morir…….. pero no quiero saber el día…..
    Genial primo…..
    Como siempre…..

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