El sonido de nuestras vidas

Volver a ver a Pearl Jam en vivo me llevó inequívocamente a buscarle las vueltas a ésta banda. ¿De dónde surge su encanto? Su carácter de hipnótica música que me tiene prendado desde hace tanto tiempo. ¿Porque ellos y un puñado de bandas solamente llegan de forma distinta a conectar con aquello que atraviesa nuestros días y nos acompaña en esta trashumancia de la vida donde recorremos espacios, lugares y tiempo y siempre cargamos con aquello que nos define a cuestas?

Yo los defino como clásicos, como lo haría con Led Zeppelin por ejemplo. Y es quizás por un nivel de excelencia y un sonido propio que fueron moldeando y mantienen tan vigente desde su gestación. Basta escucharlos para vivir la experiencia de aquella llama que se mantiene encendida y que tiene la misma fuerza que siempre. La alquimia de sus letras y sus melodías. Nace con esa angustia de sus tempranos años gestacionales en la cuna del grunge e incorpora los condimentos necesarios para desplegar un repertorio extenso y diverso, lleno de texturas y pasajes que vale la pena recorrer. Lo malo que tiene el hecho de ir a ver un show de este puñado de bandas, es que los recitales te parecen cortos, aunque del otro lado tengas a seis personas capaces de tocarte dos horas y media o más sin parar, atentando con el normal funcionamiento de tu corazón, porque en cada vuelta de hoja aparece otro himno que escuchaste hasta el cansancio y que te inunda de una alegría como si fuera la primera vez que lo haces. Volvieron en menos de dos años y esperemos que se les haga costumbre. Eddie Vedder es una de las pocas personas que cuando dicen (como en ésta última oportunidad): “Cuando éramos chicos y empezamos con esta banda, no podíamos ni soñar con estar acá con ustedes y que nos brinden todo este cariño. Es realmente sorprendente y maravilloso poder estar de vuelta”; yo le creo cada palabra. Y hasta sé que esa alegría que transmiten es sincera.

Llegamos con Pablo a Costanera Sur, un predio que nos hacía recordar a lo que habíamos visto de Woodstock ‘94 por el barro en todos lados. El día anterior el cielo se vino abajo a un año (un día menos en realidad) del diluvio que le puso marco a los Foo Fighters. Ya estábamos allí, solo restaba esperar. Habíamos conjeturado listas y más listas. ¿Qué tocarían, que escucharíamos como una sorpresa impensada?

Las luces se apagaron, la espera y la ansiedad llegaban a su fin pero a la vez la adrenalina se disparaba a niveles impensados. Estaba listo con mi tabla de surf imaginaria para que Eddie y los suyos me llevaran a recorrer este mar de rock en la ola más alta. Y así lo enunciaba en la primera canción “Release” (Liberar) con “I’ll ride the wave, where it takes me” (Montare la ola, donde me lleve). La misma canción volvía a abrir la noche, como en La Plata. Y para mí ya se transformaba en el intro a esto que excede el marco de recital y se convierte en un ritual de miles de almas que creen en esas letras, en esos acordes. El momento de elevar el grito llegaba. Adrenalina, la fiesta comenzaba. Y ahí nomás sin esperar nada, el cimbronazo. El riff que está conectado directo al corazón, el tema que te lleva a las calles de Seattle en los noventas: “Evenflow”. Y es imposible no saltar. “Someday yet, he’ll begin his life again” (Algún día sin embargo, el comenzará su vida nuevamente). La canción nos deja y Vedder nos corta de un latigazo el cantico extasiado que le ofrendamos con lo más punk de su carrera quizás, el infernal “Lukin” que tiene la increíble virtud de acelerarme el corazón de una manera inusitada. El averno arde, la celebración ya es una realidad.
Luego seguiría “Corduroy”, y a continuación los primeros tesoros: “In Hiding” (Ocultado), el viaje introspectivo que relata el encierro de una persona y la separación frente al mundo: “No longer overwhelmed and it seems so simple. Now It’s funny when things change so much It’s all state of mind” (Nunca mas abrumado y así parece todo tan simple. Ahora es divertido cuando las cosas cambian tanto. Es todo parte de un estado mental). Pegado, “Save You” (Salvarte) una declaración de fuerzas para ayudar a alguien y acompañarlo en sus problemas. Por estos días espero la reedición del disco “Above” (Arriba) de Mad Season y no puedo evitar en conectar esas historias. Mike McCready ayudando a Layne Staley a salir de sus adicciones. “And fuck me if I say something you don’t wanna hear, and fuck me if you only hear the trouble in your head. Please help me, to help you help yourself” (Y al demonio si digo algo que no quieres oír, y al demonio si solo escuchas el problema en tu cabeza. Por favor ayúdame a ayudarte).
Lo mejor de esta triada mágica vendría al final con el anuncio de Vedder sobre una canción del primer disco, con la demoledora “Deep” (Profundo). Y compruebo que el odio germinal sigue vigente en la voz de este cantante de casi 50 años que evoca al sonido mítico de Seattle que tanto amamos. Matt Cameron nos atropella arremetiendo su batería y sobre él un encendido Jeff Ament se desarma sobre su bajo, sentando unas bases sólidas como el concreto mismo. Termina el tema y el flaco que tengo al lado mira al cielo y declama “Gracias Dios!”. Yo no estoy tan seguro de que Dios tenga que ver con estos menesteres, de hecho no estoy seguro ni de Dios siquiera. Pero agradezco a lo que sea que haga que esté viviendo esto.

Vedder arremete con la fuerza de un boxeador e irónicamente su remera porta el nombre “Rocky”. Y como lo que más te duele luego de un golpe directo al corazón es otro de mayor magnitud, el paso lo sigue “Jeremy” y otra vez Ament recibiéndonos con un punteo que es oscuridad y alegría al mismo tiempo amalgamados en una sola cosa indescriptible y única. El siguiente segmento daría lugar a “Whishlist” (Lista de deseos) o el listado de las cosas que alguien desearía ser. A continuación Eddie rebautiza la siguiente canción como “Hail (Motherfucker!) Hail” y el aire se calienta con lo más movidito (junto a Lukin), del hermoso disco lleno de polaroids. La dedicatoria siguiente al basquetbolista más fanático de ellos que tenemos en nuestras tierras, Fabricio Oberto dio lugar a una versión mágica de “Given To Fly” (Dado a volar). McCready dando una clase de guitarra y destilando pasión a cada paso. Inigualable. El siguiente paso vendría de la mano de la composición con el abuelo Neil Young, allá por el 95 en el intrincado Merkinball. “I Got Id”, más conocido como “I Got Shit” (Tengo mierda) sería algo inesperado en la noche que todos agradecimos con el corazón.
A esta altura nos miramos con Pablo y destilamos sudor y alegría en cantidades iguales. Y la alegría supera al segundo en una versión intimista de Daughter (si se puede ser intimista con miles de personas). Esperamos cual será el cierre siempre cambiante del tema. En esta oportunidad con una versión en castellano de “It’s Ok” de los Dead Moon. Y el significado de esas letras que Eddie nos regala como “Esta bien , está bien, sabes que te quiero como ayer”. Y sí. Queremos como ayer a una banda que no defrauda nunca. Quizás los vayamos queriendo cada vez más con el tiempo.
Si queremos más música Vedder nos confirma que tiene algo más, en “Got Some” (Tengo algo), justo antes del hermoso “Betterman” (Mejor hombre). Esa se la cantamos nosotros, y el tipo agradece emocionado, y le creemos. Sigue un tema que como Eddie nos cuenta, le gustaba mucho a Johnny Ramone, la gran “Eldery Woman Behind a Counter In a Small Town” (Mujer mayor detrás de una caja registradora en un pueblo pequeño). Las letras son trastocadas y acusan “Thanks to John for taking me” (Gracias a John por traerme) en alusión a su primer viaje a estas tierras como rodie de los Ramones. Al final del pasillo aguardaba el vertiginoso “Rearviewmirror” (Espejo retrovisor). Corte. Tiempo de respirar y asimilar lo que estamos viviendo.

Al salir, Eddie sigue disfrutando de su vino y anuncia que aún queda bastante show. Y nos hace regodearnos como un gran público acusando que “espero que Brasil no escuche esto, pero el canto de ustedes es increíble”. Si pensábamos que no podíamos saltar más nos estábamos mintiendo. McCready Suelta una afiladísima versión de “Do The Evolution” (Haz la evolución) y el desenfreno sigue. Stone Gossard mueve su cabeza a la headbanging y se mueve más que nunca. Cameron le pega a la batería hasta hacerla gritar. Saltamos como locos, saltamos porque tenemos la sangre hirviendo, saltamos porque lo venimos haciendo desde siempre, con nuestros huesos, tendones y articulaciones. “It’s evolution, baby!”. “Animal” le sigue y todos levantamos la mano contando con Vedder “One, two three four five against One” (Uno dos tres cuatro cinco contra uno). Volvemos a la calma con un “Just Breathe” (Simplemente respira) de la mano de Vedder solo, guitarra en mano. Boom Gaspar aparece con sus teclas y le da brillo a una canción que nos abraza a todos. Finalmente todo se tiñe del color más oscuro en la inoxidable “Black” (Negro). Imposible describir lo que se siente al escucharla. Ese cosquilleo que repta por la piel y sube por el cuerpo como un escalofrío, una sensación placentera e inquietante. Simplemente mágico.

Queda poco y lo sabemos, pero no queremos ni pensar en ello. Los Ramones vuelven a estar presentes y la fiesta explota con “I Believe In Miracles” (Creo en los milagros). Y el grito de “Let’s go!” (Vamos!) Suena como un trueno en este público que no para de moverse. “Alive” (Vivo) llega infaltable luego del recorrido por casi todos los hits que tuvo la banda por estas tierras en sus primeros discos. Y así nos sentimos todos en esta fiebre de rock, increíblemente vivos.” Yellow Ledbetter” seria el indiscutido final, el tema que identifica el cierre de casi toda fiesta de estos pibes. Pero antes la composición de Neil Young nos saluda a todos y nos canta como consigna un ideal de vida, viviendo en un mundo libre. “Rocking In The Free World” Y es ahí cuando lo veo, es ahí cuando creo comprender de donde viene este encanto. Lo veo a Eddie bailando como un indio, en círculos y elevando los brazos al cielo. Se mueve como en un trance que dura unos pocos segundos. Pienso que quizás toda esta magia venga de ahí, de los antepasados que alguna vez dijo tener con sus bisabuelos indios de las tierras del oeste americano. ¿Quién sabe?. La ceremonia la cierra derramando vino en el escenario y sellando un pacto entre ellos y la gente, donde la música es el legado, el magnetismo que une todo, lo sagrado y lo profano, la vibración misma de nuestra existencia. Vuelvo a desandar el camino, comienzo a sentir el cuerpo dolorido, pero tengo el corazón caliente. Charlamos sobre los temas que no esperábamos, sobre los que hubiésemos querido escuchar también. Pensamos en lo vivido en estas últimas horas. El éxtasis nos mantiene pensativos.

El día después siempre está lleno de alegría y del desencanto de que lo tan esperado ya pasó. Camino por Baires con la música a cuestas, recorro las canciones de ésta banda. Y voy en rumbo fijo al hotel donde se hospedan. ¿Y que decirles después de todo? Agradecerles por la magia quizás. “Se están por ir” me dice alguien que también aguarda y aun no borra la sonrisa de la noche anterior. Al poco tiempo la banda sale, saluda y se mete al vehículo que los llevara al aeropuerto. Mike sale y nos saca fotos, y delante de él aparece este cantante con paso fijo y sonrisa siempre presente. Se acerca y saluda a cada uno, con el cuidado de no olvidarse de nadie. Y de pronto lo tengo frente a frente. Al tipo que un día vi tirarse del techo de un escenario al público y pensé “Se mató!”. Aquel que bailó con Kurt Cobain en la ceremonia de los MTV Awards alla por el 92. Uno de los artesanos que modelo esta veta musical que quedo inyectada en mi mente. ¿Cómo te digo todo lo que hiciste por llenar mis días y mi cabeza de música y palabras? Le saco una foto. Sonrio, le extiendo la mano y simplemente le digo “Gracias!” El tipo me mira a los ojos, me estrecha la mano y hace un movimiento con la cabeza, devolviendo el saludo, sonríe y se marcha.
Sigo caminando por las calles de esta ciudad. Quizás la magia esté en que su música nos eleve por encima de nuestro cuerpo sin límite alguno. Me vuelvo a calzar los auriculares. Y las palabras de “Given To Fly” resuenan en mi mente: “And sometimes is seen a strange spot in the sky, a human being that was given to fly” (Y a veces se ve un extraño punto en el cielo, un ser humano que se hechó a volar…)


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