Encuentro

El calor de la ciudad y la humedad mantenían su mente en un estado de ingravidez. Miraba hacia la calle y dejaba sus pensamientos suspendidos en una suerte de atemporalidad. Habían pasado muchos años, sin embargo el sentimiento estaba intacto.

Hizo el ejercicio de recordar cada momento, cada detalle. Los espacios, las expresiones, las miradas. Estaba todo allí. Se preguntaba ¿cuánto había cambiado en ese tiempo? ¿Era acaso aquél que anhelaba un futuro tan distinto de éste presente?
Como sucede casi siempre, en aquellos detalles estaban las diferencias. Esas que nos van alejando de a poco y nos transforman. Sin embargo estaba seducido por buscar el porqué de dichas divergencias. De recordarlas originales, auténticas, únicas. Pensaba en aquella película y en esas palabras imperceptibles. ¿Habrá un lugar donde seamos la versión primaria de nosotros mismos? Seguramente un lugar dentro nuestro, ¿pero existirá un lugar en el mundo, un espacio físico donde seamos solo nosotros en carne viva? Sin las capas sobre capas que nos suman los años, nos modelan y nos cambian. En ese recorrido donde nuestras elecciones nos condicionan y nos empujan a reinventarnos. Asi vamos dejando e incorporando formas y maneras de transitar este viaje.

Miró el vaso de cerveza, las gotas dibujaban un pequeño lago sobre la mesa. En ese lago se perdía su mente.

¿Cuáles eran las posibilidades? Pensó y pensó sin encontrar una respuesta. Jamás creyó en el destino, lo cual hacía de esta experiencia algo más increíble aún. Uno pierde la capacidad de sorprenderse realmente, como cuando se es niño. Sin embargo así se sentía. Sorprendido y aturdido quizás. Todo aquello por lo cual había transitado volvía como un atajo temporal a ese tiempo y ese lugar. Muchos años atrás. Se podía ver a si mismo con una claridad que jamás creyó posible. No estaba preparado para verse de esa forma. Nadie lo está quizás.

Cuanto más lo pensó más imaginó ese momento. Hasta que finalmente en un encuentro narcótico entre ambos, él y su versión del pasado, se encontraron y se saludaron. En ese saludo se miraron detenidamente. Eran la misma persona, pero con cambios muy marcados para ser puestos del lado de la indiferencia.
Sin embargo se abrazaron. Pudieron conciliar el uno con el otro y aceptarse. Esencialmente iguales, meticulosamente distintos.

Al fin de la noche alguien preguntó sobre el tiempo. Él volvió en si.

La recordó. La añoró más que nunca.
Terminó su cerveza y se marchó.

“The photograph on the dashboard taken years ago,
turned around backwards so the windshield shows.
Every street light reveals a picture in reverse.
Still it’s so much clearer”

Nightswimming – R.E.M. (Automatic For The People, 1992)