Energía

Sofía aguardaba en silencio a que Guillermo pusiera fin a ese disparate. Sin embargo él no se reía. “Te estoy diciendo la verdad -repetía una y otra vez- encontré la forma de viajar al pasado”

Él siempre estuvo fascinado con aquella utopía. La de poder moverse en el tiempo. De profesión neurólogo y con varias investigaciones en el campo de la química aplicada a trastornos mentales, se había ganado una gran reputación entre sus pares. A Sofía la había amado desde el primer momento en que la vio y había anhelado compartir su vida con ella desde entonces. Ese día en la cocina, con el primer mate de la mañana, él le contó aquel descubrimiento increíble.
“- Pero , ¿cómo podes viajar en el tiempo?”
“- No, no. En el tiempo no. Solo al pasado. Mira es difícil de explicar, pero no se trata de usar ningún aparato ni nada parecido. ¿Te acordás lo que te conté de las ondas y sus frecuencias? ¿Cuándo te dije que todo lo que nos rodea es energía en movimiento?”

Le explicó que su descubrimiento se basaba en reconocer al tiempo como una forma más de energía que conforma todo el universo. Que él había encontrado la manera de alinear la mente a frecuencias precisas, ubicables a un instante dado. De esa forma era posible volver atrás. Y que teniendo plena consciencia de ese viaje, se podían tomar decisiones tal como si fueran hechas en el presente.

Sofía no salía del asombro. Pensó que se había vuelto loco. “¿Alguien más sabe de esto?” le preguntó. “No, ni va a saberlo nadie. Esto de las decisiones no es menor. Aquella teoría de que cualquier cambio que se haga en el pasado altera todo lo demás, es verdad Sofía. Hay que tener mucho cuidado. No puede saberlo nadie más”

Él se levantó a poner la pava nuevamente en el fuego, visiblemente atribulado. Ella notó un cambio en su voz. Estaba nervioso. Guillermo volvió a la mesa y tomándole la mano le recordó lo mucho que la quería y que lo que más deseaba era su felicidad. Luego de un momento en silencio le dijo que conocía un instante preciso en su vida al que ella podría volver para cambiarlo todo.
Sofía repitió desconcertada, “¿Cambiarlo todo?”.
“- Si, todo. ¿Qué me decís si te ofreciera modificar tu vida por una en la cual pudieras ser feliz?”
“- Pero soy feliz”
“- Más feliz. Mucho mas”
“- ¿Y cómo sabés que podría ser así? Hace un rato me dijiste que solo al pasado se puede volver. ¿Cómo podés estar seguro del futuro?”
Guillermo tragó saliva. “Tenés que intentarlo”
Sacó de un maletín un frasco azul. “Ya hice los cálculos. Son unas gotas de éste compuesto que armé. Vas a dormirte a los pocos minutos. Luego las frecuencias de tus ondas cerebrales…”
“- Pará un poco –interrumpió ella- yo no soy una rata de laboratorio. No pienso tomar eso”
“- Sofía, confiá en lo que te digo. Jamás te haría daño”
“- ¿Vos lo probaste acaso?”
Él enmudeció una vez más. Abrió una libreta y revisó algunos números.
“Te estoy hablando. ¿Lo probaste? Contame que viste. ¿A qué momento de tu pasado volviste Guillermo?”

De a poco esa extraña charla se convirtió en una pelea. Ella sintió que él la dejaba a merced de un experimento. Él no explicaba. No podía. Tan solo quería que ella aceptara su pedido.
“- ¡Mujer, por favor, es la oportunidad que ningún otro ser humano tuvo jamás! Te estoy dando la posibilidad de volver y cambiarlo todo. ¡Por algo mejor!”
“- ¡Es una locura! Suponiendo que todo tu cuentito del pasado sea verdad, decime una cosa, ¿Cómo podes estar seguro de que aquello que yo cambie me va a dar una vida más feliz que ésta? ¡Contestáme!”
“- ¡Porque era así Sofía! ¡Y es la forma en que tiene que ser!”
“- ¿Era? ¿Cómo ‘era’?”
El levantó la vista al techo y cerró ambas manos. Lo impronunciable finalmente salió de su boca: “¡Porque yo estuve ahí y lo vi! ¡Eras más feliz sin mí!” Luego cayó rendido en la silla y cubrió su rostro con las manos, atormentado por la vergüenza.

Guillermo había vuelto muchas veces a su pasado. Las primeras como un simple observador. Para planificar la forma de cambiar su vida. Buscando la manera de alterar todo para poder tener a Sofía con él. Hasta que lo logró. Fue modificando pequeños momentos y así consiguió tenerla. Sin embargo ella jamás fué tan feliz como la recordaba al vivir sin él. Finalmente, hundido por la angustia decidió volver todo atrás. Pero nunca pudo rearmar aquel presente. Por más que intentó incansablemente, siempre al despertar ella seguía junto a él. Reparó finalmente en la posibilidad de que fuera ella la que lo evitara. La que no se encontrara con él y no le diera la posibilidad a nada. Tenía que devolverle su vida original. Y por eso decidió contarle todo.

Sofía no paraba de pensar. Imaginaba a Guillermo con la tiranía de quien puede robarle a alguien su futuro. Y también con el amor necesario para intentar conquistarla una y otra vez, hallando la forma de revivirlo todo para encontrar la manera. La tarde se hacía noche y las luces de la calle se encendían sacándola de sus cavilaciones, devolviéndola a la realidad. Al presente. A esa versión de su presente.

Miró hacia el otro lado de la habitación y allí estaba Guillermo sentado, con la cabeza hundida entre sus hombros. Aquel hombre. Aquel dios y demonio. “Tengo frio. Me voy a preparar algo caliente” dijo ella retirando las cosas de la mesa.

Él levanto la vista. Tenía los ojos colorados. La imagen se fue rearmando de a poco. Del tacho de la basura asomaban las hojas de su libreta de anotaciones. Sofía estaba parada a unos metros, vaciando el contenido de aquél frasco azul en la pileta de la cocina. Había olor a café en el aire.

“I could distort myself to be the perfect man.
She might prefer me as I am”

She’s Too Good For Me – Sting (Ten Summoner’s Tales, 1993)