Estallido

Ordenaron el plato del día y dos aguas. Ana se quitó el abrigo y lo tiró sobre la silla que quedaba vacía. Manuel dobló minuciosamente el suyo, calculando la medida de cada pliegue. Ella odiaba eso. Odiaba el protocolo que Manuel imponía sobre todo lo que hacía. La asfixiaban los formalismos inherentes en cada gesto.

Pero era bueno. Previsible. Y sobre todo la amaba.
… Y para Ana, eso era más que suficiente.

Frente al local, en la esquina de la plaza, Julián abandonó la vereda sin mirar el semáforo y con el tiempo justo. Adentro, el mozo apoyó por descuido una de las copas sobre un tenedor que se interponía en el camino. Julián aceleró el paso, forzando que un colectivo disminuya la velocidad y lance una queja a los cuatro vientos. Manuel estiró el brazo hacia la copa que comenzaba su caída libre, pero el sonido de la bocina lo detuvo un instante, suficiente para que las yemas de sus dedos apenas llegaran a acariciar el cristal. Ana instintivamente cerró los ojos evitando ser testigo de aquel accidente.

Al abrirlos, Julián sostenía la copa en su mano, con la misma sonrisa que Ana recordaba de aquella vez que se encontraron por casualidad. Él hizo un chiste sobre los mozos y ella rio. Él preguntó sobre su trabajo y ella algo de un libro. Él habló sobre música y ella de vacaciones. Poco a poco fueron cubriendo el espacio entre vanas nimiedades, adentrándose en profundas confesiones; entre ojos emocionados y manos inquietas, mientras sus abrigos contemplaban la escena; enroscados, desprolíjos.

Mas tarde, un destello de luz lo inundó todo, mientras Ana buscaba algo en la cartera. Y luego, como pasa con los rayos, sobrevino el estruendo: un ruido desbordado de pequeños cristales desparramados por todas partes. Frente a ella, algo desorientado, Manuel con el brazo estirado y la mano aún abierta se disculpaba con el mozo: “No llegué a sostenerla”. Y en esa frase ella dudaba si era de la copa de lo que él hablaba.

Miró afuera, al frío. La gente caminaba deprisa buscando una guarida, y entre ellos divisó la figura de algo o alguien igual a un recuerdo. Imaginó que tal vez solo era una sombra, con la forma justa de sus sueños.

Al acomodarse el saco, justo antes de partir, Manuel le avisó que tenía una mancha en la ropa. Ella miro su brazo y luego apretó la herida tratando de frenar la sangre.

Le pareció raro no sentir dolor alguno.

“It was another gas station… it was another you”
Estallando Desde El Océano – Sumo (Llegando Los Monos, 1986)


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