Gracias Gustavo

Tengo una tristeza de esas que vienen para quedarse. De esas que no tienen remedio, quizás solo consuelo que mañana será suficiente, pero hoy es el vacío mismo. Cuanto más transito por ésta vida más creo en que somos el rejunte de nuestras pasiones, nuestros amores, dolores, miserias y alegrías. Que nos vamos armando un poco más cada día y que el modelo terminado quizás no termina nunca. Gustavo Cerati, vos me regalaste con tu arte la posibilidad de armar varias piezas de éste que hoy escribe. Tu música está ligada a dos personas importantísimas. Pablo, aquel que siento mi hermano de la vida desde que allá por el ’83 nos conocimos en una sala de prescolar y que fue el que me prestaba casetes y CDs de Soda Stereo. Y Carolina, la mujer con la que decidimos un buen día vivir la vida juntos y hoy es la madre de mi hijo. Aquella que es la fanática que te tenía a vos en su corazón y tu foto en el placard, mucho antes de que yo llegara. Aquella que me recordará por siempre que ella si fue a verte en la presentación de “Dynamo” y fue único.

Vos, junto a Charly y a Spinetta me enseñaron a encontrarle la belleza a las letras de las canciones. Me enseñaron a armarle historias y a ponerme dentro de ellas. Y los fuí queriéndo como solo quiero a los Beatles quizas. Yo empecé, como muchos a habitar en tus canciones y un buen día, sin quererlo me di cuenta que eran parte de mi vida. ¿Qué iba a imaginar una versión mía a tan pocos abriles vividos que iba a encontrar verdades absolutas en esas letras? Vos fuiste quien me dijo aquella verdad y me invitó a dejar la inocencia de mi infancia cuando me aseguraste que “no tenemos donde ir, somos como un área desvastada. Carreteras sin sentido, religiones sin motivo. ¿Cómo podremos sobrevivir?”

Fueron esas letras las que me enseñaron en mis primeros desencantos con la vida a encontrarle la poesía en “deslizarle el puño por la espalda y pensar que simplemente, no existía”. Crecí con tus letras y las letras crecieron dentro de mí. Una a una, cobrando el sentido que cobran los días de nuestra vida.
Hay canciones tuyas que son instantáneas de recuerdos, lugares, olores y sensaciones. Escuchar “Canción Animal” completo es volver a aquel verano de fines del 90 con el aire que venía cargado de cambios de todo tipo. Sumergirme en “Signos” es pasear por uno de los discos que más quiero, por ser conciso y a la vez cambiante de forma y siempre sorprendente. Y aparte es el que trae “Final Caja Negra”, aquella canción que al tiempo de empezar a salir con Carolina, un día escuchándola en su casa me dijo que era una de las que más le gustaba del disco y sus ojos brillaron distinto. “¿Que ibas a hacer solista?” Dijimos en el 92 y vos doblaste la apuesta primero con “Colores Santos” junto a Melero y luego con el genial “Amor Amarillo”, obra de una belleza simplemente indescriptible. Esos discos que tienen la facilidad de cautivarnos y dejarnos llevar a donde necesitemos en cada momento. Era raro, era alternativo, era un Cerati en estado puro.

Juntos, con Pablo y Carolina hicimos la cola más larga para cualquier recital de los que fui en mi vida. Cuando se despedían allá por el 97. Y los escuchamos con pasión y amargura porque no sabíamos si íbamos a disfrutarlos nuevamente. Y ahí seguiste con tu magia solista. Pensar en vos es el recuerdo de lo adelantado que estuviste siempre desde aquel “Dynamo” (aun con Soda) que nos sacó la cabeza de nuestro eje y nos enseñó a que reinventarse era siempre parte de tu juego. Así como cuando te vimos en el Colon haciendo tus “11 Episodios Sinfónicos”, jugando a ser El Principito acá en la Tierra.
Estábamos los tres también, ahí en el Luna cuando tire jugando un “Mira si aparece Charly?” Porque había estado de invitado en “Siempre Es Hoy”. Y apareció nomas, el rey y el príncipe juntos y yo con ganas de llorar de la emoción. Esos recitales en los que sonaba todo perfecto. Vos podías moldear con tu voz y tu guitarra lo que querías y jugabas a transitar espacios nuevos en el medio de una canción, con la destreza que tienen los grandes solamente, como vos. Tu voz, esa garganta que para mí fue sin lugar a dudas la más linda del rock local. Desafío a quien quiera, que ponga “Canción Animal” y te escuchen cuando arremetés con tu “Hipnotismo de un flagelo. Dulce, tan dulce” ¿a ver quién se pone a tu altura?

Y llego la revancha, un buen día la noticia exploto y los Soda se juntaban y fuimos a verlos, y volvimos una y otra vez. Pablo me regalo el ir a Córdoba porque los Baires no alcanzaban. Si hay algo que puedo asegurar es que en mi vida he ido a muchos recitales y aquel final en River, juntos y con una banda de amigos fue la felicidad misma. Cada canción era el goce de transitar aquellos espacios que cada uno había hecho propio. El sonido era el nexo entre la banda, nosotros y esa fiesta masiva donde no había lugar para otra cosa más que el disfrute. Aun me veo saltando como un enfermo al ritmo de “Tele-K” o “Persiana Americana”. Abrazados y mirándote tocar esa guitarra y moverte por todos lados con tu pelo siempre ensortijado. El encanto estaba sellado desde hacía mucho tiempo, y vos nos lo habías avisado allá a lo lejos cuando te sinceraste y nos dijiste que “nos llevabas para que te llevemos”. ¡Y vaya que si nos llevaste por muchos lados! ¿Cómo no llevarte por siempre adentro nuestro? ¿Cómo no saber que como también nos dijiste “vos serias parte de todos”?

Gustavo, vos nos regalaste una nueva forma de agradecer a la lengua local. Podes dar “gracias”, “muchas gracias” y vos nos enseñaste a dar “gracias totales”. Hoy hasta así me queda chico para agradecerte por todo lo que me diste con tu arte. Creo que te lo seguiré agradeciendo por siempre de tanto en tanto hasta que llegue a una cantidad que crea más conveniente.

Me cuesta pensar en vos en pasado. Me cuesta no saberte vivo. Aunque estos cuatro años de batalla te tenían dormido, para mi estabas ahí, y en mi deseo (como el de tantos) un día te ibas a levantar con ganas de seguir creando esa magia que tan bien te salía.

Nos dejaste los mapas de dónde encontrarte, los manuales de cómo poner tu magia en funcionamiento, “desordenando átomos tuyos, para hacerte aparecer”. Están ahí, en esos discos. Y esos mapas nos llevaran a encontrarte adentro nuestro, allí donde empezase a vivir desde hace tanto.

Hoy esas dos personas me dijeron lo mismo ante tu partida. “Se murió una parte nuestra” y es así como te sentimos. Hay artistas que trascienden y hay quienes nos transforman. Vos lograste ambas y en esa transformación dejaste “tu cicatriz en nosotros”. Ya nunca seremos los mismos y tu arte será parte de nuestra vida.

Te debo mucho Gustavo. Nos volveremos a encontrar siempre, en tus canciones que llevo grabadas muy dentro mío.

Gracias por todo maestro.


2 pensamientos en “Gracias Gustavo”

  1. Tres veces detuve la lectura porque se me empañaron los ojos. Hace tres días, decidí no leer ningún comentario sobre Cerati porque cualquiera escribe un obituario, pero nadie describe lo que uno también siente. Vos Seba, lo hiciste. Y aunque hoy sea caer en un lugar común, siento que es un pequeño reconocimiento hacia él, decirte Gracias Totales por compartir tus sentimientos.

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