La estrella

“- Elegí una estrella”

Ernesto le dijo eso a su hijo Pablo de cinco años. Era una calurosa noche de verano, en el patio de la casa de Flores.

“- ¿Una estrella? ¿Cómo?”
“- Una estrella, cualquiera, la que más te guste. Esa va a ser tu estrella. Tu vida va a ir cambiando mucho. Las cosas, la gente. Pero esa estrella va a estar ahí siempre.”

Pablo extendió su mano al cielo, señalando un punto brillante en el firmamento. “Esa, la de allá” le dijo. Su padre tomó un libro y comenzó a buscar.

“- ¿Qué buscas papá?”
“- El nombre, todas tienen un nombre. Acá está. Página diecisiete. Estrella ciento cincuenta y uno: ‘Rigel’. Es una estrella de la constelación de Orión”

Apartó el libro y sonriendo a su hijo añadió “- A partir de hoy ésa es tu estrella”

Desde aquella noche, Pablo creció y vivió muchos cambios. Una mudanza que lo alejó del barrio de su niñez. Amigos nuevos entre los que encontró a Leonardo, aquel con el que compartirían una amistad de por vida. La escuela en la que pasó sin destacarse por ser demasiado bueno ni demasiado malo. Y la universidad que tuvo que posponer en pos de salir a ganarse el pan. También tuvo amores que fueron y vinieron, hasta conocer a Estela, aquella que un buen día le dijo “vas a ser papá”, instaurando entre ambos un amor que fue conveniente, más que necesario. Luego la llegada de Felipe al mundo y el vértigo de aprender a ser otro.

Y en todos esos años siempre tuvo las charlas con su padre, con sus consejos y sus guiños. Sus risas cómplices, entre mates y vasos de vino. Hasta que un buen día Ernesto se marchó de éste mundo. Y dejó en Pablo un tenue “hasta siempre” donde habitaba un brillante “ahora”.

El tiempo fue desgastando su relación con Estela, creando espacios cada vez mas grandes. Hasta que un día no dio para mas. “Creo que lo mejor va a ser que me vaya” dijo él. “Creo que hace tiempo que te fuiste” dijo ella.

Pablo se fue a vivir a la casa de una tía que tenía un cuarto libre. Y siguió trabajando en la fábrica como cada día. Para él las cosas se pusieron feas. El país entró en una más de tantas crisis y no daba garantías para nadie, mientras tanto Pablo perdía sueños y acumulaba deudas. La amenaza del despido empezó a escucharse en la planta. “Parece que paran la producción” decían todos. Y la espera no daba certezas. Hasta que un buen día lo mandaron a llamar de Recursos Humanos. Y Pablo salió mas temprano que de costumbre, sin trabajo y con una indemnización que le alcanzaba para pagar menos de la mitad de lo que debía.

Los días se fueron llevando gran parte de ese dinero. Estaba solo, sin nada ni nadie. Y el futuro era tan incierto como estar a la deriva en mar abierto. Quizás su único confidente era Leonardo, su amigo de siempre. Con él se encontraba a tomar algo de tanto en tanto y desde que estaba sin trabajo era aquél quién lo obligaba a ir a esas citas, ya que Pablo no tenía ni para un café. Fue en uno de esos encuentros en que Pablo se lo contó y Leonardo no podía salir del asombro.

“- ¿Te timbeaste toda la guita que te quedaba?”
“- Toda, hasta el último centavo”
“- Yo sabía que tenías mala suerte en la vida pero, ¡vos también aportas lo tuyo!…”
“- Dale Leonardo, no me jodas”
“- Pero ¿Vos te das cuenta lo que acabas de hacer? Lo único que tenías…”
“- Lo único que tenia no me alcanzaba para nada. Así que lo aposté todo a un número. Si sale me salvo”
“- Si, y yo me hago cura…”

Pablo había ido esa misma tarde antes de encontrarse con Leonardo a la agencia de lotería mas cercana. Sacando los fajos de billetes miró al empleado y le dijo “todo a la Nacional, te tiro el número”

“- ¿Y a qué le jugaste?” preguntó Leonardo.
“- A la estrella”
“- ¿La estrella? ¿Qué número es la estrella? ¿El veintiocho?”
“- No, la estrella que me hizo elegir mi viejo. Rigel. Pagina diecisiete. Estrella ciento cincuenta y uno. Son cuatro cifras. Le jugué todo al Siete mil ciento cincuenta y uno”

Leonardo se quedó callado por un rato. Lo hecho no podía deshacerse. Pablo sintió en su amigo una mirada que no lo juzgaba, pero estaba cargada de una profunda pena. En ese momento se sintió peleando una batalla con una espada de madera, ante un ejercito de invencibles. Luego Leonardo le preguntó:

“- ¿Cuándo se juega?”
“- Hoy a la noche”

Pablo fue a buscar a su hijo Felipe. Era uno de los días que le tocaba cuidarlo. Volvieron a la casa de la tía y se quedaron jugando en el fondo. Inventando historias, armando castillos con cajas de cartón, pateando penales por copas mundiales en partidos imaginarios. La tarde se hizo noche y Pablo se quedó sentado en una reposera, mirando al cielo, con Felipe dormido en sus brazos.
Al cabo de un rato su tía salió desde adentro de la casa. Con el teléfono en la mano.

“- ¡Ah! ¡Estaban acá! Es un amigo tuyo, es como la tercera vez que te llama. Yo pensé que no estaban.”

Pablo tomó el teléfono y del otro lado escuchó a Leonardo eufórico.

“- ¿Donde estabas? ¡Hace una hora que te estoy llamando!”
“- Estaba acá con Felipe, ¿qué pasó?”
“- ¿Qué pasó? ¡Qué ganaste hijo de puta! ¡Siete mil ciento cincuenta y uno! ¡Ganaste Pablo, ganaste!”

Pablo no podía pronunciar palabra. Murmuraba, no sabía ni qué decir. Del otro lado Leonardo seguía gritando como un loco.

“- Empezás de nuevo Pablo. No se si fue la estrella, tu viejo, el espíritu santo o que carajo pero tenés una nueva oportunidad y te la merecés mas que nadie hermano!… ¡Y yo me tengo que hacer cura la puta que te parió!”

Cuando Pablo cortó con Leonardo, Felipe se había despertado y lo estaba mirando.

“- ¿Qué pasó pá?, ¿Quién era?”
“- El futuro”
“- ¿Quién?”
“- Nadie, un amigo. Mirá hijo, hagamos algo”

Pablo acomodó a Felipe en su regazo, Quedaron ambos mirando hacia el cielo. Luego acercó su boca al oído de Felipe y le susurró:

“- Elegí una estrella…”

“Hoy quisiera recordarte cuando estabas bien, cuando aún reías.
No, no importa dónde fuiste, no importa cómo fue, porque aún hoy vives.
Volveremos a vernos de nuevo.
Ya no importan las palabras, importa nada más todo lo vivido.
Estarás cerca de mí como una estrella, estarás cerca de mí.
Volveremos a vernos de nuevo.
Por vos seré mejor. Mejor.”

Como Una Estrella – Las Pelotas (Brindando Por Nada, 2016)


4 pensamientos en “La estrella”

  1. Este cuento, fue como una sorpresa y te digo por que: el 151 era el número de mi viejo jajajaja, o sea, el que jugaba a la quiniela, el que compraba en una rifa etc,etc……. Si había que jugar 4 cifras ……o sorpresa era el 7151……. En resumen , este cuento me hizo acordar a mi papá, que seguro está en esa estrella………..

Los comentarios están cerrados.