La pregunta

Beatriz cuelga la ropa al sol cada mañana, cerca de las diez. A veces logra ver en el segundo piso del departamento que construyeron a media cuadra, el momento en que Manuel cierra la ventana, antes de salir a trabajar con su auto. Él siempre toma un camino que es mas largo, pero que le permite pasar por la casa de Florencia y mirar con disimulo a ver si está pintando. Ella pinta cuadros que Manuel no comprende pero que por algún motivo, le aprietan el pecho de la emoción. Florencia está por egresar de la escuela de arte, no sabe de qué va a trabajar, pero le gusta enseñar. Recibe alumnos los martes y jueves por la tarde. Uno de ellos es Jeremías. Tiene pasta, dice ella. Dibuja cosas distintas, hay luz en sus cuadros y él lo sabe. Jeremías dice que cuando pinta piensa en su abuelo Frank, el que vino de Francia. Su abuelo es anarquista. La vida es una revolución constante para él. Pasa horas con su nieto enseñandole a ser buena gente, y a pensar sobre todo, que lo demás –según dice- no es importante si se puede elegir y saber hacerlo. Para Frank el lugar de uno es el que se está pisando y nada mas. Por eso siempre se pelea con Ernesto, el verdulero, que es tío de Florencia. Ernesto vive por la Patria. Por la idea de una Nación libre. Frank se ríe y le dice que acá o allá todos van a terminar en el mismo lado y Ernesto se vuelve loco. Pero en el fondo lo quiere. Ambos coinciden en una sola cosa: en hacerle caso a Marta. Marta no es ni la mujer de uno ni la del otro. Es la doctora del barrio. De las de antes, las que van a lo de sus pacientes cuando éstos pegan el faltazo a la visita médica. A ella la respetan, le tienen una fe ciega. Marta de fe, poco y nada. Es atea, por eso se ganó la confianza de Frank. Y ama el tango como nadie, por eso se ganó la confianza de Ernesto. Cuando Marta hace las compras, la saluda el barrio entero. Mas que al intendente García. García está enamorado de Marta, siempre lo estuvo. Pero nunca se imaginó pudiendo conquistarla. La ve hablar y se olvida del mundo. Tanto que cuando se la cruza, por un par de días suspende reuniones y visitas a todas partes. Mercedes, su secretaria, lo sabe. Se dio cuenta después de tanto tiempo. Por eso y por encontrar en la agenda de García garabatos con el nombre de Marta escritos por todas partes. Mercedes piensa en hablar con Marta y contarle todo. Pero Ezequiel, su amigo de toda la vida, le dice que ni se le ocurra. Que a ver si le sale el tiro por la culata y ella se queda sin trabajo. Ezequiel es psicólogo y Mercedes piensa que si él le aconseja eso, debe saber porqué lo hace. Ezequiel es prolijo y educado. Siempre pendiente de todos. Siempre atento. Una vez al mes se encuentra con Julián, casi siempre en un bar. Julián es todo lo opuesto. No se acuerda ni el día en que vive. Es raro que llegue sobrio al encuentro, y el prójimo a él le importa tres carajos. Ezequiel no dice nada, pero lejos de denostarlo, lo envidia irremediablemente. Julián empezó a desinteresarse del mundo el día que se dio cuenta que al mundo le tenía sin cuidado lo que él hiciera. Eso y el haber perdido a Ester lo hundieron en un pesar y un desdén sin retorno. Pasa el tiempo leyendo cuanto puede y tomando cuanto no puede. Maneja un taxi de tanto en tanto para costearse los libros, las botellas y los impuestos. De lo único que se acuerda Julián es de visitar a Beatriz, una mujer mayor que fue amiga de su madre. En esos días le compra un ramo de flores y unos merengues. Siempre de dulce de leche. Y lleva en una bolsa su ropa sucia para que ella gentilmente se la lave. Eso a Beatriz la pone contenta, siente que así lo ayuda un poco. La última vez que se vieron él se quedó pensativo y cuando la mujer lo interrogó, que porqué tanto silencio, él la miró y le lanzó la pregunta.

Y ese interrogante no tuvo ni tiene respuesta. No la sabe ella, ni el vecino Manuel, ni Florencia; aunque ésta última la busca en cada uno de sus cuadros. Tampoco su joven alumno Jeremías y mucho menos el abuelo Frank. Ernesto que habla en el local con casi todo el mundo, no cuenta con ninguna pista. La doctora Marta que sabe tanto de los recovecos del cuerpo, o Ezequiel que sabe tanto de los recovecos de la mente, no tienen la mas mínima idea. Ni el intendente García y su secretaria Mercedes, entre reuniones y campañas, han resuelto jamás esa duda. Todos se hacen la misma pregunta de tanto en tanto y siempre quedan en silencio. Como aquél día, en el que Beatriz solo pudo responderle a Julián con una sonrisa, y mirando el reloj de la pared se levantó para ir a colgar la ropa. Ya eran casi las diez de la mañana.

“We all got old at breakneck speed,
Slow it down, go easy on me.”

Wetsuit – The Vaccines (What Did You Expect From The Vaccines?, 2011)


2 pensamientos en “La pregunta”

  1. Yo me hice esta pregunta ;” qué tengo yo de cada uno de esos personajes? “, Beatriz, no debe saberlo seguramente…….
    Hermoso encadenamiento de personas con sus personalidades.
    Felicitaciones Seba.!!!

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