Lluvia

Ríos de agua comienzan a bajar por mi espalda. Tengo el pelo mojado casi por completo. Los pies ya sienten el frío líquido filtrándose de a poco. He quedado a merced de la lluvia, una vez más y por elección, como de costumbre.

Desde chico, cada vez que llueve siento este extraño deseo. La sensación de entregarme al impiadoso mar que desciende sobre nosotros y nos recorre imperfecto, surcándonos todo el cuerpo. Esta fascinación que fue cambiando a través de los años: como un juego, una comunión y un ritual necesario, ha estado siempre presente en mí. Y en este derrotero a contracorriente de una vida seca y estrictamente normal, he denostado el convencionalismo de querer prever siempre, el vaticinio ante cada diluvio.

Quizás así aprendí a odiar los viles paraguas. Esos artilugios que no son para mí, más que una exacta analogía de lo que llamamos religión. ¿Qué tan distinto acaso, de aquello que nos venden asegurando protección ante la realidad preexistente, e inevitable? Y que por más que cualquier previsor o fiel creyente lo tenga a mano, siempre estará la húmeda realidad abriéndose paso, encontrando la forma de mojarnos por algún costado; congelándonos y deteniendo nuestra marcha. Finalmente esos toscos artefactos, tal como aquellos dogmas, inevitablemente se romperán, dejarán de servir de forma parcial y por ende total, a la mentira en la que creamos estar a salvo.

Yo decidí exponerme ante todo aquello y ahora lo busco. Ahora siento ese deseo irracional de dejarme llevar, bajo aquel manantial. De aprender mi cuerpo empapado. De sentir mis ropas pesadas, pegadas a la piel. En cada paso sé que el agua va destiñendo versiones de mí mismo, drenando retazos de quien he sido y devolviendo a la superficie aristas escondidas que quedaron sepultadas bajo tantos días.

La lluvia me lleva de a poco, ahogando fragmentos míos, por caminos inciertos. Y cuando todo acaba y el cielo se abre, vuelvo horadado por la tempestad, comenzando a moverme nuevamente, siempre a la espera de otros truenos.

“Here comes the rain again,
falling on my head like a memory”

Here Comes The Rain Again – Eurythmics (Touch, 1983)