Los amigos de Seattle

Diez años se cumplían del primer encuentro en vivo y en directo con aquella banda que escuché desde los primitivos inicios de los noventas. Mi cabeza pensaba en esto y repasaba los shows que habían dado desde entonces mientras avanzaba en el viaje por la autopista que me llevaba a La Plata junto a otras miles de personas en una suerte de peregrinación de fieles que buscan redimirse ante la magnificencia del rock. A ésta altura la relación del público con la banda se siente como si fueran unos amigos que están siempre de viaje y de tanto en tanto vuelven para que nos veamos un rato y nos entreguen toda su creatividad en el marco de tres horas. Ésta vuelta va dándose, después de aquella primera visita en el 2005, cada año y medio desde el 2011, esperemos que la costumbre siga y si cambia que sea para venir una vez por año.

Había tenido la suerte de escuchar las canciones de su último trabajo “Lightning Bolt” en vivo, y sabía que estaban a la altura de todo lo que siempre hicieron. Preferencias aparte, todo repertorio posible de Pearl Jam se disfruta siempre, sin puntos flojos, cada canción es bien recibida por todos. Entré al estadio y luego de escuchar a la banda soporte “Capsula”, empecé a prestarle atención al trabajo de los técnicos, ajustando y probando cada instrumento. Me detuve en el enjambre de metales que formaban una suerte de avión sobre el escenario, ese avión que venía desde lejos a traernos la música que conocemos al detalle.

Cuando las luces se apagaron y las primeras notas de “Pendulum” (Péndulo) empezaron a sonar, la ansiedad dio lugar a la felicidad y todas nuestras capacidades sensoriales se dirigieron a ese escenario donde Eddie Vedder levantaba una mano y acomodaba su combustible a base de vino tinto cerca del pie del micrófono. Por su parte Mike McCready deslizaba un arco sobre la guitarra y miraba al cielo canalizando la magia que lo conducía a él y sus prodigiosas manos a deleitarnos en un viaje único. Pegado escuchamos “Low Light” (Luz baja) del hermoso “Yield” y luego el primer himno: “Eldery Woman Behind A Counter In A Small Town” (Mujer mayor detrás de una caja registradora en un pueblo pequeño). Ya no hacía falta pellizcarse, estábamos de nuevo viviendo otra fiesta. Desde mi lugar el campo era un desenfreno que se magnificó con el tándem “Mind Your Manners” (Cuida tus modales) y “Do The Evolution” (Haz la evolución). Eddie grita y la tribu le devuelve los gritos, el encuentro físico y mental con la banda ya es un hecho consumado.

Luego la primera perla de varias: “All Night” (Toda la noche), aquel inicio de la hermosa placa doble “Lost Dogs” y mas de uno gritamos “uhhhhh!” con una sonrisa inmensa. Un tema que pocos esperábamos y recibimos con toda la alegría.
Nos subimos al DeLorean y en un abrir y cerrar de ojos la contundente “Once” (Una vez) con la batería de Matt Cameron estallando en todo el estadio, nos transporta al inicio de todo, el primer tema del primer disco que cuando salió ni imaginábamos iba a ser el primer tomo de una biblia apócrifa y vital para los corazones de muchos. “Dissident” (Disidente) llegaría con ese intro perfecto y truculento acompañado de aquel consejo: “Escape is never the safest place” (El escape nunca es el lugar mas seguro).

“Nuestros corazones siempre desean volver aquí, gracias por hacernos sentir tan grandes” y con estas palabras volvíamos a nuestros días junto a los nuevitos “Lightning Bold” (Rayo) y “Swallowed Whole” (Todo tragado). Pero en el medio la bellísima “Given To Fly” (Dado a volar) y los brazos de Ed que se abren al cielo. Stone Gossard regala sonrisas y despliega su arte de una forma que uno mas allá de escucharlo parece que puede verlo dibujar notas adornando la noche donde ya todos somos tribu.

Eddie habla con el publico en un esforzado español por momentos y en su nativo ingles por otros contándonos que “Esta canción la tocamos en nuestro primer show, hace 25 años y un mes. Y estamos aquí para probar que la tocamos major ahora que en ese entonces” Y así sin anestesia el tanque “Evenflow” con las risas imborrables de miles de almas. El campo es una masa de gente que salta en ritmo frenético, cantando a toda voz. Para el cierre Eddie sigue encantándonos y nos confiesa que “Creo que éste público es nuestra banda preferida” y le creemos, ¿porque no? “Sirens” (Sirenas) nos calmaría un poco antes de la segunda perla: “Grievance” (Agravio) desde el genial “Binaural”.

Vedder transmite emoción y en esta necesidad de comunicarse, del vinculo con su gente, nos cuenta sobre una nena que debería tener diez años y se emocionó al verlo pasar al llegar al estadio. Elevando la botella dedicaba un brindis “a donde quiera que estés, nunca te olvidare”. Coronando con un oportuno “Daughter” (Hija). Luego dos para el descanso: “Unthought Known” (Conocido impensado) y la oscura y emocionante “Immortality” (Inmortalidad) con un solo de Mike simplemente fuera de éste mundo. Antes del primer corte dos vertiginosos: “Life Wasted” (Vida perdida) y “Rear View Mirror” (Espejo retrovisor). Pausa. Aun quedaba mucho, muchísimo.

Para la vuelta uno de los mas inesperados porque sabemos que no es frecuente: “Footsteps” (Pasos) y la certeza de que si el tema en estudio ya tiene un aura especial, en vivo es un golpe directo al corazón.
Vedder solo, acústica en mano nos recuerda a “Una persona que tendría 75 años y que mucha falta nos hace”, y le dedica una exquisita versión de “Imagine” (Imagina) a su creador, John Lennon. La emoción estaba presente en todos nosotros que iluminábamos con lo que podíamos el templo en que convertimos al Único de la Plata. Miro a todos lados y disfruto eso que solo el arte logra. Elevarnos sobre nuestra existencia terrenal y convertirnos en algo que es mucho mayor que la suma de las partes. Emoción en carne viva.

Luego el mismo frontman haría el intro de una canción que Johnny Ramone amaba y volvería a recordar (como cada vez lo hace), aquella primera visita que hizo como acompañante de los Ramones a nuestras tierras. La canción sería “Corduroy” y pegadito una de esa banda amiga que ya es un clásico: “I Believe In Miracles” (Creo en milagros). Jeff Ament empuñando su emblemático bajo nos introduciría en la narcótica “Jeremy” justo antes de otro fundamental: “Porch” con Vedder y su gorra de los Chicago Cubs.

Segundo cierre. La fiesta ya era una marca mas en el corazón de todos. Pero faltaba un poco aun. La vuelta arranca con Eddie sumándose al pedido de “Ni una menos” en contra de la violencia de género. Y en concordancia otra gema extraña “Leaving Here” (Yéndose de aquí) de Eddie Holland. Éste tema formó parte de la placa “Home Alive” de 1996 impulsado por una organización de Seattle que lucha por los derechos de las mujeres. “Girls leaving this town ‘cause they don’t treat em right” (Las chicas se van de éste pueblo porque ellos no las tratan bien).

Otro himno “Betterman” (Mejor hombre) justo antes de un pedido impensado: “Red Mosquito” (Mosquito rojo) desde “No Code” un placer escucharlo en vivo. Promediando el final “Black” (Negro), “Alive” (Vivo) y “Blood” (Sangre) tatuados en los corazones de todos. Antes del cierre un cover de los gigantes “The Who” la aplanadora de “Baba O’Riley“ con ese piano electrizante en los dedos del hawaiano Boom Gaspar. Éramos un mar, un mar de rock, sudor y alegría. La felicidad de miles y ese canto: “Don’t cry, don’t raise your eye, It’s only teenage wasteland!” (No llores, no levantes la mirada, es solo desolación juveníl!) gritábamos a todo volumen saltando como queriendo dejar el suelo atrás, abrazados junto a perfectos desconocidos en esa maravilla que es la música. Vedder aparece con una mascara de mono que el publico le ofrenda y para la coda final de la canción levanta el pie del micrófono y arremete con la base al suelo, cargándose una botella de tinto que explota por el aire. Final junto a “Indifference” (Indiferencia), la reverencia y un “See you later… see you next year! We miss you already” (Nos vemos pronto, nos vemos el próximo año! Ya los extrañamos).

Salgo caminando por un estadio que es solo alegría. Escucho los comentarios de la gente, los momentos que mas amaron. Las fotos que se llevan en su mente. Me zumban los oídos pero el golpe del corazón suena mas fuerte. Volvemos a nuestros hogares, con la alegría de otro gran encuentro y con la certeza de que nos volveremos a ver en poco tiempo. Los esperamos. Cuídense. Éste público les guarda el fervor, siempre a punto de ebullición.

Gracias nuevamente por ponerle música y palabras a nuestros días.


Un pensamiento en “Los amigos de Seattle”

  1. Me hiciste emocionar, tal cual cada una de tus palabras! Después de seguirlos por 21 años fue la primera vez que pude verlos en vivo, te juro que no podía creer que estaba ahí, cuántas sensaciones cuantos recuerdos de adolescencia…

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