Miyagi

Sergio miró a Pedro esperando una señal que diera por cerrado aquél ridículo pedido. “¿De verdad me lo decís? ¡Estás completamente loco!”. Del otro lado de la mesa Paloma y Julián no paraban de reirse.
“¡Te digo que es él! ¡Es igual! Dale ¿Qué perdemos? ¡Vamos y nos fijamos!” repetía Pedro una y otra vez.
Un rato antes todos habían visto entrar en el bar a un hombre, y ahí mismo Pedro, señalando con asombro, había sentenciado: “¿Vieron eso? ¡Es el señor Miyagi!”.

Él estaba seguro que ese era en realidad Pat Morita, el actor de aquel conocido personaje. Contó que había leído una nota sobre la supuesta falsedad en la muerte que se anunció años atrás. Y también que el tipo había armado toda esa farsa para poder volver a una vida normal, viajando por el mundo. “¿No se dan cuenta? ¡Es él!”
Paloma dejó el vaso de cerveza y le dijo “Pedro, los chinos y los japoneses son todos iguales, no jodamos”
Julián agregó socarronamente: “¿Y qué va a estar haciendo justo acá, en éste bar? ¿Vos decís que vino a ‘encerar y pulir’ las mesas?”
“No ¡Ya sé! ¡Vive en el barrio chino!” agregó Sergio.

Pedro seguía obstinado con su deseo de ir y comprobar que estaba en lo correcto. Que era esa persona. Justificó la posibilidad de conocerlo. De alguna forma era para ellos una parte de su infancia. “¡Es como conocer a Marty McFly! No es la persona en sí. Es el personaje, es aquel lugar que nos vendieron en esas dos horas que duraban aquellas películas con las que crecimos. ¡Si ese tipo está acá en éste bar yo quiero saludarlo! Aparte seamos sinceros, si tengo razón ¡no nos vamos a olvidar más de ésta noche!”
Julián le respondió riendo “¡Yo ya no me olvido más de la noche en que ‘creíste’ verlo”
“¿Che será la birra? ¡Quizás es mágica después de todo! ¡Nos llevó al mundo del señor Miyagi!” agregó Paloma.

Hablaron de esas películas. Del significante que tuvieron años atrás. De que si volvían a verlas seguramente la idea que tenían de ellas iba a ser distinta. Hablaron de cómo una imagen queda en algún lugar, y que con el tiempo si se puede volver a ese lugar quizás no sea lo que uno espera.
“Ma sí, yo voy” dijo Pedro terminándose el vaso de cerveza.
“Dale te acompaño -le dijo Sergio-, esto quiero verlo”
“¡Vamos todos!” agregaron Paloma y Julián.

Dejaron la mesa que ocupaban en la vereda y de a uno se internaron en el bar. Una vez dentro se detuvieron al lado de la barra y comenzaron a buscar a aquel hombre. El mozo les pregunto si podía ayudarlos. Pedro empezó a hablar: “No, estamos buscando a…” Paloma interrumpió riéndose: “Dale, decile a quien buscamos”. Pedro cerró la frase: “A una persona. Debería estar por acá.”
Revisaron cada mesa con la mirada. Pero nada. No estaba por ningún lado. Lo buscaron hasta en el baño. Nada.
Sergio les dijo que el lugar tenía otra puerta. Una que daba a la esquina. Quizás se había ido por allí. “Era él, estoy seguro” dijo Pedro una vez más.

Decepcionados decidieron volver. Al llegar a la puerta Julián los detuvo a todos y sin pronunciar palabra señaló el televisor colgado en una esquina con el volumen bajo. Estaban dando una película. Justo esa película. Y los cuatro asombrados comenzaron a leer los subtítulos de aquella escena donde el señor Miyagi conversa con el joven Daniel-San:
“- Cerrar ojos. Confía. Concéntrate. Pensar sólo en árbol. Haz imagen perfecta, hasta último detalle. Borrar todo de la mente excepto árbol. No existir nada en todo el mundo. Sólo árbol. ¿Comprendiste? Abre ojos. ¿Recuerdas imagen? Haz como imagen. Confía sólo en imagen.”
“- ¿Cómo sé si mi imagen es la correcta?”
“- Si venir de adentro de ti siempre ser la correcta.”

Al salir se quedaron callados por un momento. Paloma se acomodó el pelo y fue la primera en hablar:
“-Quizás venga por acá seguido”.
“-Vamos a tener que volver” dijo Sergio.
Julián asintió: “- Volvamos, algún día quizás lo enganchamos”.
“- Qué bueno haberlo visto, aunque haya sido solo un momento ¿No?” agregó finalmente Pedro.
Luego los cuatro pagaron la cuenta y se marcharon.

Nunca lograron encontrarlo. Ni buscaron datos sobre él en ningún lado. Pero desde entonces cuando alguno de ellos pasa por esa esquina, cierra los ojos por un instante y recuerda, la noche que vieron al señor Miyagi.

“Nothing is real and nothing to get hung about,
Strawberry Fields forever”

Strawberry Fields – The Beatles (Magical Mystery Tour, 1967)