Nostalgia

Norberto Iturbide había obtenido el título con honores en el posgrado de “Medico especialista en neurología”, otorgado por la Universidad de Buenos Aires. Dedicó luego su vida a la investigación cognitiva, publicando extensos y reconocidos estudios en las mas prestigiosas instituciones vinculadas al mundo de la medicina. La mayor parte de sus años como profesional destacado, los dedicó al estudio exhaustivo de la nostalgia.

Sus investigaciones fueron controvertidas desde la primer defensa que presentó. Abogaba una idea original de Johannes Hofer, quien ya en el siglo dieciséis utilizó el término nostalgia definiéndola como una enfermedad del ser humano; una forma patológica de melancolía que podía producir una depresión casi intratable. Iturbide, creía que la nostalgia, en la actualidad, podía ser tratable y en tal forma neutralizable. Su tesis exponía que la nostalgia se manifestaba en el ser humano, siempre de forma negativa y en detrimento de nuestra capacidad de ser, obrar y crear. Exponía que todos los cuadros de nostalgia, aún los mas leves eran siempre manifestaciónes de recuerdos o añoranzas de un pasado, momentos irrepetibles y en tal forma cargados de una gran tristeza. Trató en tal forma de encontrar la manera de poder evocar esos recuerdos sin revestirlos del sentimiento de pesar o dolor. En su investigación decía que si se llegara a poder tratar los cuadros de nostalgia, se ayudaría a disminuir las probabilidades de comportamientos depresivos y obtener capacidades de acción superiores en todos los individuos.

La comunidad científica se declaró en su contra en la mayoría, y los mas cercanos procuraron no manifestar opinión alguna sobre sus observaciones. Pocos fueron los profesionales que mantuvieron una relación cercana con Iturbide. Eso y la propensión de éste a adoptar siempre una actitud huraña, ayudaron a que sus trabajos se mantuvieran en un estado de secretismo absoluto. Por años se creía que abandonaba sus investigaciones hasta que alguna charla en algún congreso le daba el lugar para defender sus ideas y ponerlas nuevamente en boca de varios.

Damian Funes fue alumno de Iturbide en su carrera de medicina y contó con él como su tutor de tesis final. Desde su Rosario natal, Funes llegó a Buenos Aires con el fin de recibirse de médico y poder especializarse en el campo de la investigación neurológica. El trabajo de su mentor lo sorprendió desde un primer momento y, quizás potenciado por la controversia que generaba, quedó expectante por saber del mismo y hasta soñaba con la idea de formar parte de un equipo de investigación. A posterior de recibirse intentó contactar al doctor Iturbide, pero éste lo rechazo ya que como siempre dijo, su trabajo no requería mas investigadores que él. Damian no obstante se mantuvo atento a cuanto se decía de éste, hasta que un cargo a tiempo completo en un hospital de Rosario lo alejaron del doctor y su trabajo.

Al cabo de diez años, Iturbide cada vez mas alejado del colegio de médicos, renunció a su cargo y vivió recluido en su hogar, perdiendo todo contacto con la comunidad científica y la gente en general.

Una tarde de Abril, Funes fue invitado a una convención de medicina neurológica aplicada para América Latina, celebrado en un importante hotel de Buenos Aires. En un cóctel ofrecido por los organizadores del evento cruzó palabras con varios profesionales. A poco de dar inicio a la primera charla un doctor que se encontraba a su lado mencionó la cantidad de trabajos que quedan ocultos, sin ser publicados o siquiera comentados en la comunidad científica: “como la investigación de Iturbide sin ir mas lejos”. Funes quedo pasmado al escuchar su nombre y volteándose a éste le preguntó a qué trabajo se refería. “‘Tratamiento y anulación de la nostalgia’ mi amigo, el doctor Iturbide fue muy controvertido en su exposición, y si bien eso lo alejo mucho del núcleo científico se dice que supo encontrar lo que andaba buscando. Se cree que logró hallar la forma de anular el sentimiento de nostalgia asociado a un recuerdo, sin embargo con su retiro nunca dejo ni una hoja sobre su trabajo.”

Desde ese momento Funes no pudo pensar en otra cosa mas que en contactar a Iturbide. No le fue difícil averiguar su domicilio. Preguntó a varios conocidos hasta dar con la información necesaria e intentó tener una entrevista con él. Sin embargo Iturbide se limitó a no contestar el teléfono o las cartas enviadas. Rara vez atendía al portero del edificio y cuando lo hacía siempre acusaba que no era un buen momento para ver a nadie y lo despedía sin mas.

Damian probó incansablemente dar con él, reiterando una y otra vez toda forma de contacto por el transcurso de tres meses. Hasta que un buen día, luego de suplicarle tuviera a bien brindarle su comentario sobre una supuesta tesis de doctorado que él tenia en su poder desde antes de dejar el cargo (sabiendo el profesionalismo y respeto que siempre mostró por las investigaciones de sus alumnos), éste acepto abrirle la puerta finalmente.

El joven subió los cuatro pisos hasta el departamento de Iturbide y una vez dentro encontró un lugar que parecía abandonado. Inundado por papeles, libros y vasos. Algunos vacíos, otros con restos de vino tinto. Iturbide distaba mucho de la persona que Funes recordaba. Estaba muy desalineado, tenia la cara consumida y los huesos se asomaban por todo su cuerpo.

“Debo confesarle que no he venido por ninguna tesis. Mi visita aquí es por su trabajo sobre la nostalgia. Hay quienes creen que usted pudo confirmar su hipótesis y ha llegado a encontrar la forma de anularla. Me es vital, como investigador, preguntarle si es verdad esto que dicen”

Iturbide, lejos de enojarse, observo a Funes y sentándose en un sillón roído por los años, miró por la ventana un rato largo antes de dirigirle la palabra.

“¿Que entiende usted por nostalgia?” preguntó finalmente. Funes vaciló y comenzó a enumerar definiciones médicas sobre el tema. Al rato Iturbide lo interrumpió. “Basura, todas esas definiciones son una suma de simple y llana basura. ¿Y sabe porque? Porque carecen de singularidad. Así es, singularidad. La singularidad es aquello que la medicina al igual que otras ciencias intenta menoscabar en función de obtener patrones de comportamiento y de conducta. De manifestación del ser. Y en buena medida a lo largo de nuestra historia nos ha servido, porque, vamos a ser realistas, ¿qué somos mas allá de un manojo de huesos, un rejunte de carne amasijada a su alrededor y unos litros de sangre que van y vienen? La generalización nos sienta de maravilla. Nos hace muy parecidos. Sin embargo existen cuestiones que se caen de dicho criterio, Y que nos juegan, a nosotros los científicos, siempre en contra”.

Funes escuchaba atentamente sin saber a ciencia cierta a donde lo llevaban esas palabras.

“Cuando comencé a estudiar la manifestación de la nostalgia me motivó el hecho de poder controlarla. Al igual que como la medicina había logrado sopesar o evitar otros males que condicionaban al hombre, dediqué mi vida a encontrar el mecanismo que se ponía en juego al momento de evocar una situación vivida, un lugar ocupado tiempo atrás. Una cachetada del pasado que nos pegaba una y otra vez de la misma forma y con la misma intensidad. Y no pretendía anular el recuerdo, no me mal entienda. Pretendía disociarlo del sentimiento de angustia. ¿Porque no recordar la casa donde uno nació con la misma entereza que la dirección donde uno va a trabajar día a día, sin toda la melancolía adicional? Creí fielmente en que esa angustia, asociada al recuerdo nos retenía, nos ponía piedras en los zapatos y nos evitaba llegar a otros estados de felicidad y superación”.

Iturbide miraba a Funes pero en realidad no hacia foco en él, miraba mas allá como en otro plano, miraba sin mirar. Y en sus palabras había una mezcla de pasión y euforia. “Dedique mi vida a encontrar la forma de disociar ese sentimiento” Luego se detuvo y siguió mirando por la ventana.

Funes sin poder evitar la espera le preguntó “¿y lo logró?”

“Los investigadores como nostros contamos con fundamento. Si a eso usted le suma convicción, trabajo y tiempo, sepa que las cosas se logran querido colega. Por supuesto que lo logré. Vaya si lo logré”

Funes no podía dar crédito a lo que escuchaba. Sabia que quizás no iba a presenciar otro acontecimiento como ese. Era un descubrimiento científico increíble y él era quizás el primero en ser testigo de ello. “Es increíble, ¡lo felicito! ¿Pero por qué ha demorado la publicación a la comunidad? ¿Por qué el silencio?”

“Pues porque nada he de publicar al respecto. Le he dicho que he resulto la forma de disociar la manifestación de la nostalgia como desde un primer momento lo creí. Sin embargo sé que dicha posibilidad no juega en pos de un ser con mas chances de superación. Sino mas bien todo lo contrario”

“¿A que se refiere? Si la manifestación de la nostalgia ponía en juego sentimientos de tristeza y dolor, la posibilidad de anular dichos sentimientos pueden promulgar en pos de un ser con menos sufrimiento y por ende un ser con mas posibilidades a ser feliz, usted así lo manifestó en la composición de su tesis”.

“Y ahí es donde me he equivocado. Verá, el recuerdo al que evocamos ha sido estudiado como una ventana al pasado, una foto o un video pasivo donde podemos observarnos cuando queramos. Sin embargo dichos recuerdos manifiestan un peso propio y una impronta que modelan de alguna forma el terreno por el cual nos movemos, me animaría a decir que delinean el terreno por el cual podemos seguir caminando y manifestando nuestra existencia. En tal forma la nostalgia es aquello por lo cual podemos dar peso propio a ciertos recuerdos y anclarlos a un lugar de dicho terreno. Imagine un tazón lleno de arcilla, si usted hunde el dedo bien profundo, el espacio que desplaza aparecerá en otra parte, redefinirá ese terreno”.

“No entiendo”, dijo Funes “¿Usted me quiere decir que los sentimientos que tenemos ligados a nuestros recuerdos juegan un papel activo en las capacidades que tenemos en decidir que hacer y como hacerlo?”.

“Exacto, sin la importancia, la forma y el sustento del recuerdo, a eso que me gusta llamarle terreno podría imaginarlo como una superficie llana. Una simple línea en el horizonte y nada mas. La nostalgia, no sin ser la única de las razones, es una más de aquellas cosas que quedan íntimamente ligadas al marco de nuestra singularidad, por lo tanto nada debería atentar con disociarla del recuerdo que la acompaña”.

Funes sintió una sensación agridulce, que luego se transformo en odio. Pensó que finalmente todo era una artimaña de un viejo loco. La forma de encubrir una mentira. “¿Y como ha llegado a tales conclusiones. Como puede estar tan seguro de que sea de la forma que lo enuncia?”

“Porque he sido mi mejor demostración. He probado los resultados de mi investigación en mí. He logrado seccionar cada sentimiento de nostalgia, desvincularlo, reducirlo. Limpiar mis recuerdos de toda tristeza. Ser el mas racional de los humanos, si así lo quiere ver. Sin sentimentalismos. Sin añoranzas. He logrado limpiarme de todo eso, y en tal forma he quedado desprovisto de toda chispa de conocimiento. He detenido mi marcha. Me he quedado parado como un hombre en el desierto, un desierto llano como una hoja, sin saber que camino tomar. No hay en mi ningún residuo de motivación. Lo que usted ve aquí fuera, éste decrépito hombre desalineado y gris, es lo mismo que habita en mi mente. Un frío y ordenado repositorio de recuerdos en los que ninguno tiene mas importancia que otro y en los que he llegado a no reconocerme. Me he transformado en la idea de un recuerdo en si mismo, que bien podría ser de otra persona. Claro y preciso en los detalles, pero sin sentimiento alguno. He sido certero en lo que he descubierto, pero su campo de aplicación no podría haber estado mas alejado de lo que suponía “.

Funes se levanto y dirigiéndose a la puerta le dijo que iba a costarle mucho digerir todo lo que había escuchado en las ultimas horas. Su cabeza hervía de dudas. “Vuelvo a Rosario, estoy trabajando allí. No se si volveremos a vernos alguna vez en un futuro próximo”.

“No lo haga. No vuelva a visitarme. Salga al mundo y viva. Trabaje y equivóquese. Acierte alguna que otra vez. Sienta miedo y vértigo. Ame y sea amado. Luche por el otro y por usted mismo. Haga de su vida algo que valga la pena recordar. Y si el día de mañana los recuerdos de lo vivido lo entristecen… llore hombre, llore hasta que se quede sin lagrimas”.

Iturbide murió a los pocos meses. El centro de investigación pidió quedarse con los papeles que lo acompañaban ya que no contaba con ningún familiar directo para reclamarlos. Sin embargo muchos de ellos habían terminado incinerados en el hogar de aquel departamento. De aquella investigación no encontraron ni una sola palabra escrita.

Funes nunca mas volvió a hablar con Iturbide, desde su partida y hasta su muerte.

De tanto en tanto, lo recuerda.

“And I was told that the streets were paved with gold
and there’d be no time for getting old when we were young.
But it’s alright, if you dance with me tonight
we’ll fight the dying of the light and we’ll catch the sun”

The Dying Of The Light – Noel Gallagher. (Chasing Yesterday, 2015)