Números

Contaba.

Contaba cosas todo el tiempo. Baldosas, ventanas, esquinas, autos. Y supeditaba sus acciones a un resultado de dicha cuenta. “Si el número de ventanas en ésta cuadra es impar hoy voy a llamarla”, “Si la cantidad de árboles es mayor a diez voy a comenzar con aquél trabajo”. Cada acción la condicionaba a un hecho fáctico del universo en el momento y lugar donde se encontraba.
Lo extraño de todo esto es que era un ferviente detractor de la idea del destino. “Nada está escrito” solía decir al respecto. Sin embargo delegaba (en cierta forma) sus decisiones a una articulación del espacio que transitaba. De una u otra manera no era plenamente libre de sus acciones. Si bien el imponía las reglas de aquél juego y era él quien decía que haría y en qué caso, había solo un cincuenta por ciento de probabilidades de que eso ocurriera y quedaba librado no a la suerte pero ciertamente a algo sobre lo cual él no tenía ningún control.

Así transitaba su vida, perdiendo momentos y arrojándose a otros según los números lo dictaban. Si bien no lo comentaba con nadie no era plenamente feliz en aplicar estas conductas todo el tiempo, pero pensaba y se decía: “¿Quién lo es después de todo? ¿Quién es plenamente feliz con todas las decisiones que toma a diario?”.

Un buen día se planteó marcharse. Dejar la ciudad y mudarse lejos. Comenzar de nuevo. Masticó esta idea por mucho tiempo. Hasta que decidió jugar el juego una vez más y hacer lo que los números le dijeran. Se sentó en las escaleras de un viejo edificio y se propuso contar autos de color azul. “Si cuento más de diez autos de ese color en los próximos dos minutos voy a hacer las valijas y marcharme en breve”. Comenzó su ritual. Un auto azul. Al rato otro más. Pasaron varios segundos hasta el tercero y cuarto. Luego tres autos juntos y uno más. Aún quedaban varios segundos y dos autos para llegar a los diez. Con tres su vida cambiaría. Con dos seguiría en aquel lugar.

Estaba absorto en su conteo cuando de pronto una voz lo devolvió a la realidad. “Hola, Nicolas?”. Al levantar la mirada y hacer foco entre los rayos de sol vio a una mujer que se corría los cabellos de la cara y dibujaba una sonrisa. Era Sofía. Nicolas y Sofía habían sido compañeros en la escuela secundaria. Nicolas se había mudado de su Lujan natal justo para comenzar el segundo año de la secundaria allí. Por ese entonces el cambio de lugar había golpeado duro en su adolescencia y le costaba mucho acostumbrarse a una ciudad y su gente. Sofía había sido un oasis entre tanta incertidumbre. Había logrado hacer que esos días valieran la pena, el verla cada día y reírse juntos.

Al finalizar la secundaria fue Sofía la que se mudó y él nunca más supo de ella. Hasta ese día, en aquel lugar. Nicolas se encontraba en un estado de asombro, euforia y a la vez nerviosismo por haber desatendido el conteo de autos. Miro a ambos lados. Autos azules, ¿era uno solo, o dos? ¿Ya los había contado? Nunca había frenado una de éstas ceremonias. Siempre había dado con un número finito y exacto. Siempre había sido consecuente con esos conteos, esas decisiones y por primera vez, justo con una resolución que podría cambiar su vida, el conteo quedaba invalidado.

Aquel día siguió con un café entre ambos. Sofía le contó que volvía a la ciudad. Quería comenzar un trabajo nuevo. Hablaron por horas. Los días siguientes fueron compartidos. Decidían que hacer. Decidieron sobre lugares donde ir a caminar y películas para ir a ver. Un buen día decidieron como decorar la casa que comenzaron a habitar y de ahí en más muchas otras cosas.

Nicolas nunca le contó sobre su lógica de los números. Sin embargo siguió practicándola en silencio. Callaba y contaba para sus adentros y era consecuente pese a todo.

Los años pasaron y la vida tuvo sus momentos buenos y malos. Se instaló entre ambos una incomodidad que se hacía visible cada vez más, hasta que un día fue insoportable. Hablaron. Hablaron por horas y se plantearon si querían seguir intentando estar juntos. Él la miró y necesitando exorcizar su método (su locura en cierto modo) le planteó: “Hagamos una cosa. En éste café donde nos encontramos hay varias sillas. Si contamos más de cincuenta, vamos a intentarlo. Si hay menos de dicha cantidad nos damos un tiempo que podría ser definitivo. ¿Qué te parece?”.

Sofía primero se enojó con su planteo y luego decidió jugar su juego. Después de todo, su confusión era muy grande y ya había llorado lo suficiente. “Dejemos que tu número lo decida”. Ambos comenzaron a contar las sillas primero en silencio y luego murmurando los números. Ocho… doce… veinte… treinta y cuatro… los números seguían danzando frente a ellos y sus latidos se aceleraban. Cuarenta. ¿Seguirían juntos? Cuarenta y dos. ¿Estaban seguros de lo que hacían? Cuarenta y cuatro. ¿Qué lógica tenía este conteo? ¿Sus vidas afrontarían una decisión de tal importancia de esa forma? Cincuenta.

No había más sillas en el recinto. Cincuenta era el número. Nicolas vaciló y recordó sus palabras. “Más de cincuenta seguimos, menos de cincuenta nos tomamos un tiempo. No dije nada si el número era justo cincuenta”. Se miraron y repitieron el conteo. Cincuenta. No había error.

Nicolas se sintió solo. Aturdido, abandonado y a la deriva en un mar de incertidumbres. Tal como aquél chico que comenzaba a vivir en un lugar nuevo muchos años atrás. “¿Que es esto? ¿Cuáles eran las probabilidades de que fueran cincuenta? ¿Qué significa que fueran justo cincuenta?”. Sofía lo miró y le dijo “Somos nosotros. Ese número: cincuenta. Somos nosotros. Al medio de nuestras opciones. La decisión es nuestra”.

Después de aquél día, Nicolas nunca más usó su método. Comenzó a ser el único artífice de sus días. Muchas decisiones fueron erróneas, muchas acertadas, pero todas fueron suyas.

¿Se preguntará usted si siguieron juntos? Las opciones son dos. Decida buen lector, la que más le guste.
Después de todo “nada está escrito”.

“The hidden law of a probable outcome.
The numbers lead a dance.”

Shape Of My Heart – Sting. (Ten Summoner’s Tales, 1993)


Un pensamiento en “Números”

  1. muy bueno Seba!!!!! prefiero q elijan ellos…q sean responsables de su decisión y se arriesguen c lo q más deseen sus almas en ese momento,,,,
    nada está escrito,,,, pero a veces da miedito de cómo se dan las cosas, como encajan perfectamente…. , otras tantas veces no,,,, claro,,,,de eso se trata

Los comentarios están cerrados.