Otro ladrillo en la pared

No es simplemente un disco. Y no es solo la película de Alan Parker el complemento perfecto. Es mucho más. Una obra que transita la alienación, los miedos, la culpa y el horror de la guerra entre varias aristas de la especie humana. Una suerte de taller psicológico, una exposición vernácula del propio cerebro y de las tripas de Roger Waters. Una ópera rock, que fue creciendo hasta dimensiones épicas como la que presenciamos hace poco en nuestras tierras.

Cuesta contar que es lo que se vive en el show de The Wall. Y es porque quizás el crisol de información auditiva y visual haga imposible de transmitirlo así como así. Más de 30 años tuvo que esperar Waters para presentarla de la manera que lo había pergeñado en su cabeza. Y hoy toda la tecnología está puesta al servicio de la historia de Pink, un poco en la piel de Bob Geldof quien lo interpretara años atrás. Un poco en la piel de muchos que ven expuestas vivencias propias en esas letras. Pero mucho en la carne del propio Waters que pudo parir una obra singular, única en su especie y por sobre todo inmortal.

Pablo Picasso dijo alguna vez que “El arte lava del alma, el polvo de la vida cotidiana”. Es irónico pensar en como a veces el arte es la visión del mismísimo polvo de la vida diaria. Las miserias, los miedos, el lugar que ocupamos en el mundo. The Wall nos invita a reflexionar, sobre el verdadero significado de la libertad. Sobre las paredes que nos encierran, nos aíslan. Paredes que sabemos que existen y otras que no se ven, que pugnan por pasar inadvertidas y que cuentan con miles de sórdidos cómplices dispuestos a negar su existencia. Pero que allí están, rígidas, frías y destinadas a separar, a limitar, a no dejar salir, a no dejar entrar. Desde la propuesta audiovisual nada queda librado al azar, nunca había presenciado un espectáculo en estadio con un sonido envolvente de tal nitidez. Los efectos de sonido eran vívidos, y cuasi orgánicos, uno podía experimentar que realmente un avión estaba surcando el cielo. Que había una banda militar marchando detrás de uno y que esos sonidos se desplazaban por el estadio. En lo visual la armonía perfecta entre mas de 40 proyectores trabajando en pos de armar la imagen mas grande que jamás haya visto, y con una calidad que por momentos armaba y desarmaba una pared con un vértigo increíble que jugaba a mentirle a mis ojos y mi mente. Y los personajes de la obra que aparecían caminando por el escenario, gigantes y maravillosos, como muñecos asombrosamente reales. En conjunto, herramientas que permitieron sentir adrenalina, paranoia, tristeza y emoción todo en perfectas dosis. Simplemente brillante.

¿Y qué se puede decir de la música? Sabía que Waters y su banda iba a sonar perfecto, porque era Waters, un ex Pink Floyd ¿Qué mas? Pero porque así me lo había demostrado en sus dos visitas anteriores al país, la primera repasando su carrera y la segunda mostrándonos a todos el maravilloso lado oscuro de la luna. La banda suena perfecto, el error no es una opción. Todo está claramente medido, todo suena como debe sonar. Y si, es verdad, el solo de guitarra de “Comfortably Numb” (El mejor solo de guitarra del rock a mi gusto) no sonó tan bien como en la mano de David Gilmour y tampoco fue igual a su cálida voz cuando en “Mother” la madre le asegura a su hijo que cuidará de él (y lo sobreprotegerá) por completo. Pero sé que son exquisiteces que quiere un fanático de Pink Floyd, uno que no tuvo oportunidad de verlos juntos en vivo y que por eso se queja, buscando algo para quejarse como quien mira una obra de Miguel Angel y trata de encontrar imperfecciones sutiles y hasta imposibles. Y que bien y eternas suenas las canciones de ésta obra. Como se aprecian los dibujos de Gerald Scarfe, donde ni el recurso de plasmar esos personajes resaltando sus defectos hacen a estas horas que no los queramos un poco, reconociéndolos como figuras emblemáticas de la cultura popular y artística de los últimos treinta años.

Salimos del recital, del show, de lo que sea que hayamos visto (todo título suena a poco) con Pablo, Chaghi y Mariano como shockeados. Estuve muchas horas reviviendo lo que había visto. Tratando de repasar momentos, sensaciones. La obra se para en un lugar que transita el trabajo plasmado en celuloide y a la vez denuncia los crímenes a la humanidad de los últimos años, el capitalismo desmedido, el autoritarismo; y sirve como reclamo a un mundo mas justo para todos. Recuerda a los caídos en las guerras, mostrando fotos enviadas por la gente al sitio web del artista. Todo esto está perfectamente amalgamado en la ópera que todos conocemos. Y queda bien… y suena bien… y se ve bien. Y se siente… de mil maneras diferentes.

Si es tal cual lo que Waters armó en su intrincada cabeza, si queremos descifrar cual es su verdadera visión de The Wall, quizás debamos prestar atención a lo que él nos dice al comienzo de la obra: “Is this not what you expected to see? If you wanna find out what’s behind these cold eyes, you’ll just have to claw your way through this disguise.” (¿No es esto lo que esperabas ver? Si querés encontrar lo que hay detrás de estos fríos ojos, solo debes hacerte camino, desgarrando éste disfraz). Quedará en mi recuerdo y en el de muchos. Sirvió para poder disfrutar, pensar y replantearse muchas cosas… ¿y quien puede negar que si todo eso sucede no es arte del mejor lo que estamos consumiendo?

Fotos propias tomadas el Sábado 17 de Marzo de 2012


Un pensamiento en “Otro ladrillo en la pared”

  1. Leo esto y creo que me arrepiento de no haber comprado siquiera una entrada para ver el show desde atrás de una columna… pero bueno, no es momento de hacer grandes gastos para mi.
    Como siempre que leo algo tuyo (porque siempre que nos mandás cosas las leo, pero después de colgado no contesto nada, pido diculpas por eso) me transmite muchísimas cosas. Si es un evento en el que estuve, con tus palabras casi que puedo revivir lo que sentí en el momento, y si no estuve igual puedo sentir que yo mismo viví todo eso.
    Gracias por la magia!

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