Soda Stereo – Signos (1986)

En muchos reportajes a diversos artistas existe una pregunta recurrente. ¿Que fue lo que los inspiró a crear una obra y cual fue el proceso creativo de la misma? Varios son los caminos recorridos. Algunos siguiendo una forma de trabajo prolijamente pensada, otros en cambio de forma caótica sin un principio y un final bien definido. Entre ellos siempre me cautivaron aquellos que llegaron a ser una gran obra y vieron su génesis de forma fugaz como una explosión de creatividad que en poco tiempo se manifiesta, dando forma a algo increíble. ¿Que es lo que conecta al artista con esa musa e inunda como un torrente de agua aquel lienzo inmaculado, llenándolo de colores nunca antes vistos en un periodo ínfimo de tiempo? Quizás la respuesta la tenga Gustavo Cerati, quien compuso Signos, un disco exquisito, en cuestión de unas pocas horas.

1
Sin Sobresaltos
4:25
2
El Rito
6:08
3
Profugos
5:19
4
No Existes
4:46
5
Persiana Americana
4:54
6
En Camino
4:30
7
Signos
5:17
8
Final Caja Negra
5:43


Para 1986 Soda Stereo ya se había consolidado como la gran banda de rock que había traído nuevas melodías a una Argentina democrática, descontracturando la actitud clásica del rock y llenándola de influencias de la new wave de fines de los setentas, que llegaban desde bandas como Talking Heads o The Police. Soda Stereo había comenzado a ganarse al público latinoamericano desatando la “sodamania” que perduraría por muchos años más. Por aquellos días la banda se había metido en los estudios Moebius a grabar su nuevo disco pero faltando solo una semana para terminar (según el tiempo pautado), solo existía la letra de “Persiana Americana” coescrita entre Cerati y el ganador de un concurso del suplemento “Si” y la publicación “Submarino Amarillo”. Según cuenta Laura Ramos en “Corazones en Llamas” una noche a poco de haberse separado de su novia, Cerati fue a dormirse a eso de la una de la mañana en su departamento de Azcuénaga y Juncal, atribulado por la falta de letras para el disco. A eso de las cuatro se despertó y escribió de un tirón todas las canciones. Siete tracks nacieron en unas pocas horas. Fue así como melodías que forman parte del inconsciente colectivo de muchos de nosotros, vieron la luz como un exorcismo violento desde el artista al mundo. Quizás el proceso creativo se resuma a algo que debía ser. Y exploto, materializándose como el tercer disco de la banda. Para mí, “Signos” es la bisagra en la cual Soda Stereo se desprende de un perfil puramente pop para experimentar con pasajes más oscuros y letras con contenidos mas poéticos a los que Cerati nos malacostumbraría en los años por venir.

El disco abre con la vertiginosa “Sin sobresaltos” en una suerte de montaña rusa que va tomando velocidad para dar paso a dos himnos de esta banda: “El rito” y “Prófugos”. La primera nos relata esas historias que amamos de Cerati. Esa belleza influenciada por Spinetta pero tocando fibras mucho más terrenales, mucho más humanas. Aquí una persona se deja llevar a merced de otra sumergiéndose en sus cosas, en cada detalle, en un sagrado rito. Pasajes deliciosos como “Solo meterme en tu ritual, Y descifrar tu enigma. Tal vez no hablar de más. El silencio no es tiempo perdido“. “Prófugos” es dueña de uno de los intros mas identificables del rock nacional. Desde ese acorde que se funde en una escala sabiamente interpretada por el invitado Fabian “Zorrito” Von Quintiero sobre las solidas bases del bajo de Zeta Bosio. Esta es una de las canciones que mas me gustan de toda la prolífica obra de la banda. La letra lleva a un estado de alegría que me es imposible describir. Una suerte de escape del sistema acompañada de un mensaje que dejó huella en alguna parte de mi ser: “No tenemos donde ir, somos como un área devastada. Carreteras sin sentido, religiones sin motivo. ¿Cómo podremos sobrevivir?

“No existes” es quizás la canción mas oscura del disco. Desde las letras donde una obsesión transmite una sensación de violencia, una suerte de repulsión desde uno a otra persona o al mundo entero. “Deslizare mi puño por tu espalda… no existes” Un grito de guerra reforzado por la batería de Charly Alberti.
“Persiana americana” es sin dudas el tema con impronta mas pop y comercial de todo el disco. Una suerte de voyeurismo visual y sonoro. Un juego donde somos espías, espectadores en la punta de una cornisa que representa el éxtasis alcanzado por lo que aquella persiana nos deja ver.
Siempre sentí la sensación de un viaje reinante en todo el disco, adentrándonos en los deseos del otro o los propios placeres. Escapándonos del planeta o internándonos en nuestras propias cavilaciones. “En camino” es donde este mensaje está más claramente expresado. Una suerte de travesía buscando aquello que desconocemos y anhelamos. “Estamos en camino entre los espejismos“.
El tema que da nombre a la placa, “Signos” es simplemente perfecto. La canción nos lleva a un paisaje introspectivo. Un lugar abstracto iluminado por una luna hostil. Los signos son quizás las formas que damos a las cosas para darle su significado “Uniendo fisuras, figuras sin definir” Los pasajes de guitarra de la mano de Cerati y otro invitado de lujo Richard Coleman le confieren un halo de misterio delicioso.
El último tema nos da una prueba de que fuimos pasajeros durante estas bellas canciones. Nos deja el “Final caja negra” para buscar evidencias de todo lo vivido.

El 10 de Noviembre de 1986 sale a la luz este disco que conserva la magia intacta en tan solo ocho composiciones. El arte del disco estuvo a cargo de Alfredo Lois, amigo de Gustavo Cerati y Zeta Bosio en la carrera de publicidad en la Universidad del Salvador. La contratapa se completaba con Polaroids tomadas por Caito Lorenzo.

El éxito del disco no tardo en llegar. Se consagró como un clásico del rock nacional y nos dio canciones que nos acompañaron por muchos lugares y momentos. La banda siguió explorando lugares más jugados y creando otros discos maravillosos posteriormente. Como el adelantado a su tiempo Dynamo que un buen día Pablo trajo a mi casa dándomelo como un elemento de otro planeta y sentenciando “tenés que escuchar esto…” disco del cual años más tarde Carolina se jactaría de haber ido a ver en su presentación, recordándolo como un recital increíble. Sin embargo Signos atesora una magia especial. Una suerte de viaje que nos invita a redescubrir nuevos territorios en cada escucha.

Hoy desde hace casi un año esperamos que el piloto de estos viajes despierte. No quiero escuchar de partes médicos. Simplemente creo que el artista está durmiendo, esas horas que no durmió aquella madrugada donde se despertó a componer Signos. Quiero creer que esta armando nuevos viajes, nuevas texturas donde una vez más, como tantas, nos invitará a lugares donde nadie más ha ido. Descanse maestro, cuando la nave vuelva a partir, seremos sus fieles pasajeros.