Soñar a todo volumen

fanático, ca.
(Del latín fanaticus)

1. adj. Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas.

2. adj. Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo. Fanático por la música.

En el recital de fin de año de 1989 en el Point Depot de Dublín, Bono dijo: “It’s your future. The only limits are the limits of your imagination. Dream up the kind of world you want to live in. Dream out loud. At high volume.” (Es tu futuro. Los únicos límites son los límites de tu imaginación. Sueña el tipo de mundo en el que te gustaría vivir. Sueña en voz alta, a todo volumen). Y U2 es eso, es soñar a todo volumen. Es pasión en estado puro.

¿Qué nos hace fanáticos de algo? En esencia el fanático anula todo criterio neutral sobre un tema y se dedica a venerar aquello de lo que gusta. Pienso que mi relación con la música de U2 va por otro camino. Escuchar sus canciones tiene el efecto de conectarme con mi vida, mis cosas, mi gente, mis sueños. Es, sin más, la banda sonora de la película que acompaña mis días. Escucho cuanta música puedo y hay muchas bandas, discos, canciones que disfruto. U2 es la música de la que me siento formar parte, como en un grupo de pertenencia, una zona conocida, como esas cosas que te hacen volver a casa cada vez que aparecen.

Conocí esta banda en los ochentas y el primer disco que tuve y escuche detenidamente fue “The Joshua Tree” (1987). El encanto se mantuvo y “Achtung Baby” (1991) llegó en el momento justo con el contexto ideal. El muro de Berlín había caído, la libertad tomaba otro significado, aparecía Internet, las señales de cable se multiplicaban, yo estaba en plena adolescencia y escuchaba la palabra globalización resonando en todas partes. El disco era presentado en una gira mundial en el marco de la Zoo TV Tour y posterior Zooropa Tour donde los vi en su aparición en Sídney por tele, grandilocuente y desmedía por donde se la mire. Recuerdo que ese día deje grabando el programa en la casa de Juan Manuel, un amigo que ya no está. Esa noche me quedaba a dormir en su casa y tuve que grabarlo ya que salíamos como era habitual un sábado a la noche. Al volver a la madrugada me puse a verlo de principio a fin “¿Vas a verlo ahora? Mira que sos fanático eh!” y me quedé absorto en lo que fue uno de los recitales mas increíbles que vi. U2 explotaba e inundaba de mensajes cada televisor y pantalla que colgaron en aquel escenario. Con los autos Trabant fabricados por Alemania oriental que compraron luego de la caída del muro y decoraron de varias formas como un símbolo de cambio.

Los monitores disparaban miles de frases intentando bombardear el inconsciente de todos. “Everything you know is wrong” (Todo lo que sabes es incorrecto), la palabra “beLIEve” (Cree) encerrando otra: “lie” (Miente). Canciones increíbles. Todo era desmesura por doquier. Y una frase que lo explicaba todo: “Too much information” (Demasiada información). U2 se proclamaba líder de masas y a la vez se burlaba de todos. Hasta ironizó llamando a la casa blanca en aquellas increíbles noches del Zoo TV personificando a Macphisto, una suerte de demonio adorable y misterioso. Desde aquellos días escuche, y adquirí todo el material musical que pude de ellos. Recuerdo juntar cada moneda hasta ir a la disquería del barrio o al centro para comprar esas placas y analizarlas detenidamente, con cada palabra, cada imagen, cada sonido. Luego con Internet baje cientos de recitales y grabaciones de extraña procedencia. Leí bastante sobre ellos también, en libros, y publicaciones ocasionales que buscaba o me guardaba aquel que conocía y conoce mi devoción a los cuatro de Irlanda. Y así la hice parte de mi vida. Siempre creí que existe una canción para cada momento de la vida de cada persona. U2 atesora muchas que fueron (y siguen) musicalizando muchos momentos de la mía. Mis respuestas estuvieron en sus canciones. No me las dio ninguna religión ni ninguna fe o paroxismo en Dioses invisibles y omnipresentes. Me la dieron estos tipos. Me las dieron sus letras en las que pude encontrar a veces respuestas y a veces formas de seguir buscándolas.

En el 98 en su primera vuelta fui uno de los que se mato contra el vallado del campo. La historia cuenta que el cantante llego delante de todo extendiendo su pierna y es allí cuando este humilde servidor se abrazo (literalmente) a ella. Reconozco alegremente haber sido parte de una histeria adolescente cuyo recuerdo aun atesoro con alegría. En la última visita en cambio me encontré una mañana en la puerta del hotel donde se hospedaban, junto a varios más. Y pensaba “¿Que hago acá?, ¿Que hago si los veo? ¿Me sumo a un gran saludo y conservo ese momento de felicidad como un recuerdo para toda la vida? ¿Peleo por un autógrafo?” Y realmente lo único que me hubiera gustado era poder tener a alguno de ellos cara a cara para decirle “gracias”. Gracias por la música, por haberme regalado algo que no va a morir nunca y que va a ser auténtico por siempre. Quizás era poco lo que quería, pero para mí hubiera significado mucho.

Dos veces llegaron a Buenos Aires, sumando un total de cinco funciones. Y allí estuve cada una de esas noches (tres en 1998 en el marco del Pop Mart Tour y dos en el 2006 en el Vertigo Tour). Esta vez tres funciones mas aguardan con su 360 Tour y tres entradas tengo para ir a ésta suerte de ritual donde aquello que escuchamos tantas veces toma forma y se transmite como una fuerza incontrolable. Cuando se disfruta de la música, los recitales son otra cosa. Los recitales son el caldero vivo donde reina una magia distinta. Se huele desde el momento en que uno llega al lugar. La gente está llena de energía y ansiedad. Energía que explota durante dos o tres horas desde el momento en que se apagan las luces y se extienden los brazos, desde aquel primer acorde. Dos o tres horas donde nada importa más que el goce mismo de ese primitivo arte. Es saltar y abrazarse para no caerse, es transpirar uno junto al otro, es desenfreno, es (por qué no?) lo que adoramos en el nombre del rock.

Menos de un mes falta para volverlos a ver, para sentir esa guitarra espacial de The Edge, para ver al “Lama” de la banda (como lo proclamaron a Adam Clayton sus compañeros de ruta) y su eterna sonrisa, marcando con su bajo los cimientos musicales junto al que genero todo, a Larry Mullen Jr., que armo esta banda y le pega a los bombos buscando el sonido perfecto. Y a ese irlandés con sus infaltables gafas, aquel que apodaron “Bono Vox” y luego Bono solamente, aquel que pedía cerveza en la entrevista de Rattle And Hum, aquel que pinto “El rock and roll detiene el trafico” en una aparición en San Francisco en el medio de la calle, aquel que alguna vez aseguro tener una visión … “televisión!”, aquel al que B.B.King le dijo que era muy joven para componer con tanto sentimiento. Y al que nunca paro de soñar y sigue haciéndolo, en voz alta … y a todo volumen.

Allí estaremos… como siempre!


2 pensamientos en “Soñar a todo volumen”

  1. Gracias a vos, y sobretodo a una chica petisita que suele acompañarte, la única vez que pude ir a ver a u2 terminé en platea porque la susodicha no ve nada en el campo. Siempre me arrepenti de ello, por eso ahora me desquito yendo las 3 fechas a campo !

    Brindo por mucho mas u2, mucha más musica, más amistad y por una ley para que los petisitos puedan ir a campo (*) .

    Un abrazo !

    (*) En dicha ley, el campo deberia ordenarse de acuerdo a la altura de los asistentes, y prohibir el adelantamiento a los lungos, o encerrarlos en una jaula al final del estadio. Sorry Chule.

  2. Excelenteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!
    Muy bueno!
    Creo que todo aquel que realmente ama la música, lo entendió desde el corazón 🙂

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