Soundgarden – Superunknown (1994)

En 1983 se inauguró en el National Oceanic and Atmospheric Administration Campus (Campus nacional de administración oceánica y atmosférica) de Seattle, una instalación concebida por Douglas Hollis. La misma se componía de doce estructuras metálicas con tubos en su interior. Dichos tubos producían sonidos cuando el viento pasaba a través de ellos. La estructura se conoció con el nombre de “jardín sonoro”, o en inglés como “Soundgarden”. Al año siguiente una banda tomaría su nombre y pasarían diez más para que los televisores del mundo dispararan imágenes del video de una canción conocida como “Black Hole Sun” (Agujero negro del sol). Con una estética Burtoniana dicho video comparte cartel con las escenas más vistas en la música de comienzos de los noventas. Esas imágenes deformadas que dejaban un halo tenebroso y cuasi macabro hacían el deleite de una canción que transitaba la sutil voz de Chris Cornell, con un rango vocal muy particular y nos transportaba al más contundente sonido alternativo de aquellos años. Esas imágenes adornaban entre otras tantas a un disco que surgió un mes antes de que Cobain dijera basta y cuando lo hiciera fuera justamente este disco, el que quedaba en el número uno de los charts Americanos. Aquel sonido se enfrentaba con ese disparo a un irónico juego de palabras, el futuro de ésta música era quizás “Superunknown” (súper desconocido).


Soundgarden se gestó con raíces provenientes del heavy metal más que del punk arraigado en otras bandas de aquellas tierras. Luego del big bang que significo “Smell Like Teen Spirits” de Nirvana el mundo conoció sus increíbles primeros trabajos y para ese entonces eran ya una banda con la madurez suficiente como para llevarse al mundo por delante y no morir en el intento.
En 1993 y al cabo de tres meses de grabación a partir de Julio de aquel año en el “Bad Animals Studio” de Seattle, la banda grabó su disco más exitoso de la mano del productor Michael Beinhorn y de Brendan O’Brien (No hace falta presentación) en la mezcla. En dicho viaje se permitieron explorar nuevos caminos musicales. Por momentos dentro de la arquitectura loud-quiet gestada por Pixies años atrás y en otras tantas jugando a incorporar matices más psicodélicos. Arriesgaron para ganar, y lo consiguieron sin lugar a dudas.

Compositivamente el disco transita temas oscuros como la muerte y el consumo de drogas. La apertura misma de la placa nos adelanta un trabajo con un sonido fuerte y contundente en “Let Me Drown” (Deja que me ahogue) donde se expresan sentimientos como Chris Cornell contaría a posterior de “volver al vientre para poder morir”. Y ahí nomás, como segundo tema cuando aún no nos hemos acomodado, el riff inicial de “My Wave” (Mi ola) podría reconocerse como remedio detonante de endorfinas si se lo escucha a un volumen considerable. La invitación anuncia “Take, if you want a slice, if you want a piece, if it feels alright” (Tómala, si quieres una rebanada, si quieres un pedazo, si te hace sentir bien). Y así entramos en un disco que está plagado de buenas canciones. “Fell On Black Days” (Caer en días oscuros) o el sentimiento de tristeza, exclusión y alienación hecha canción. La opresión mental y la incerteza hecha carne de la mano de aquella confesión: “How would I know that this could be my fate?” (Como iba a saber que éste iba a ser mi destino?). Exquisita por donde se la mire, con un Cornell que hace alarde del virtuosismo que lleva en su garganta.
“Mailman” (Cartero) bien podría haberse pergeñado luego de leer “American Psycho” ya que como luego diría la banda sobre la canción, trata sobre “llegar temprano al trabajo y matar a tu jefe” Simple, clara y contundente. Dando título al disco, “Superunknown” nos lleva con la batería de Matt Cameron y un piso sólido como el concreto en el bajo de Ben Shepherd al vértigo de una montaña rusa donde sin tapujos escuchamos la verdad del disco: “First it steals your mind, and then it steals your soul” (Primero roba tu mente y luego roba tu alma). Y si, nos entregamos al rito en cuerpo y alma. La música es ahora nuestro único vehículo, ya sabemos para ésta altura que el viaje vale la pena.
Luego “Head Down” (Cabeza abajo) y “Black Hole Sun” bajarían un poco los decibeles y dibujarían quizás el pasaje más psicodélico del disco. Dos canciones que se animaron a jugar con otras piezas en la estética de la banda e incorporarlas como parte de este monstruo que iba creciendo canción a canción.
Si a un amante de estas bandas de Seattle le encanta el sentimiento de imaginarse por aquellas calles y días en sus canciones; que elemento más gráfico que “Artis the Spoonman” (Artis, el hombre cuchara), un artista que se ganaba unas monedas haciendo música con cucharas por las calles de aquella ciudad e inspiró las letras que sabiamente Cornell dispuso en una canción que sonó hasta el hartazgo y quedo graficada en el video que acompaño el heavy-rotation de MTV. Un clásico necesario en cada aparición de la banda en vivo. Cabe mencionar que en el génesis de ésta canción tuvo que ver Jeff Ament, bajista de Pearl Jam quien recordando a Artis, tomo ese título para una lista ficticia de canciones que se usarían en la película “Singles” (Solteros) de Cameron Crowe. Película que es foto de una época y un clásico para todo amante de la mal llamada “escena grunge”.

El disco sigue con “Limo Wreck” (Destrozar una limusina) o el pasaje más tranquilo de todo el disco. Una oda a la deconstrucción o decadencia del paso del tiempo, de la involución (de la sociedad quizás) en pos de intereses personales “I’ll be going down, for the rest of the slide. While the rest of you, harvest the gold” (Yo estaré cayendo durante el resto del recorrido, mientras el resto de ustedes cosechan el oro). La sensación de sinsentido de siempre, la soledad de la esencia del hombre quedaría retratada en el lamento de “The Day I Tried To Live” (El día que intenté vivir) o el resumen en poco más de cinco minutos de toda la existencia humana: “The lives we make never seem to ever get us anywhere but dead” (Las vidas que vivimos parecen nunca llevarnos a ningún lado más que a la muerte). ¿Queríamos un poco de condimento punk? bueno, Kim Thayil arremete con su guitarra y nos regala “Kickstand” (O el “Lukin” de Soundgarden como me gusta recordarlo a mi). Frenética, corta, una cachetada que te deja con ganas de poner la otra mejilla. “Fresh Tendrils” (Tallos frescos). La metáfora de aquellas plantas que crecen sujetando sus tallos y aferrándose para trepar y las relaciones que se abren camino, se aferran erráticamente y se retroalimentan. “Give me little bits of more than I can try” (Dame pequeños trozos, más de lo que puedo probar).

Para el cierre del disco, “4th Of July” (4 de Julio) o el retrato de un trip de LSD. “Half” (Medio) de puño y letra de Ben Shepherd (Tanto como “Head Down”) nos anunciaría que aún tenemos media oportunidad más (en la vida, o en lo que se quiera). En una balada que cruza el “Tomorrow Never Knows” (Mañana nunca se sabe) de The Beatles con los sonidos más étnicos de Led Zeppelin. Aquí Shepherd no solo escribe sino que también le pone su voz.
Las dos últimas “Like Suicide” (Como un suicidio) y la que solo venía en ediciones europeas o japonesas: “She Likes Surprises” (A ella le gustan las sorpresas). Dos joyitas. La primera siempre a punto de explotar con la cuerda sostenida de Thayil. Un amor, una agonía, un escape… tal como un suicidio. Y la marcha de Cameron, este monstruo que se carga no solo la batería de Soundgarden sino también la de Pearl Jam y que es un reloj suizo que nunca falla ni defrauda . El cierre con algún dejo de Beatles nuevamente comienza declamando lo que bien podría ser el retrato de aquellos años: “She makes up her hair for the 90s, dirty shoes and hiding her blues. She’s dying to lose what she’s finding” (Ella se arregla el pelo para los noventas, zapatos sucios y escondiendo su tristeza. Se muere por perder lo que va encontrando).

 

El arte del disco estuvo a cargo de Kevin Westenberg con una foto conocida como un “Elfo gritando”, símbolo de aquellos cuentos de bosques oscuros donde habitan seres desconocidos. Esa imagen formó parte de la estética musical por aquellos días y el disco quedo grabado a fuego en la cabeza de miles de personas, entre los que me incluyo.

Desde su lanzamiento, un 8 de Marzo de 1994 se cumplieron recientemente 20 años. Por aquel entonces Alejandro, amigo desde el secundario me declaraba que ésta era la banda que más le gustaba del género. Más de veinte años esperamos para poder verlos en vivo. En un par de días el sueño se hará realidad. Aquel Elfo gritará y primero robara nuestra mente, para luego robarnos el alma una vez más… y le rendiremos tributo al mejor rock.