Cruzar

Las vías trazan una cicatriz que divide la ciudad en dos. Del lado sur las enormes casonas, veredas anchas, silencio de siesta prolongada y calles con un cielo abovedado por enormes árboles. Del lado norte el viejo barrio, las bocinas y la gente caminando como hormigas. La división no es casual, es casi un efecto premeditado, un corte abrupto entre dos mitades irreconciliables.

Gabriel ha sentido desde siempre algo en el cuerpo caminando por esas veredas. Algo que nunca pudo explicar o evitó hacer, por creer irracionalmente que si lo hiciera, si alguien llegara a entender, ya no sería propio. Sería apenas un recuerdo del que no tendría certeza alguna de haber vivido.

Es como volver a un lugar que me perteneció”, pensó alguna vez (o tal vez lo dijo en voz alta, pero para sí mismo). Como si una parte suya hubiese quedado varada de ese lado y aguardara paciente.

Se la pasa buscando excusas ridículas para volver y al llegar a ese rincón del mundo el miedo aparece agazapado al cruzar las vías. Lo sabe, pero el viaje bien vale todo peligro. Hay imágenes que se repiten como un loop infinito, un devenir de dejavús que ponen en riesgo entender si aquello finalmente no es parte de un pasado imperfecto. Pero de pronto una sensación de plena felicidad lo invade y lo desnuda por completo. Es ahí cuando queda a merced de un efecto que se adentra en su sangre y que lo envuelve.

Hoy no es distinto a otros dias. Quizás si hubiera entrado en aquel café para descansar un rato, o si algún semáforo hubiera demorado unos segundos más. Quizás si hubiera esperado a que el grupo de chicos lo sobrepasara en el camino, demorando su paso por algún instante. Pero nada de eso ocurre y llega a doblar la esquina en el momento exacto en que abren la puerta del viejo edificio.

Se reconocen al instante.

Se saludan con una sonrisa prolongada y luego se pierden juntos.

A partir de mañana habrá quienes aseguren ver a un hombre de tanto en tanto que llega a esas vías, que se queda un rato viendo los trenes pasar y luego vuelve sobre sus pasos. Nadie se percatará siquiera, de que jamás lo vean cruzar para el otro lado.

«This could be the saddest dusk I’ve ever seen, turn to a miracle, high-alive.
My mind is racing, as it always will, my hands tired, my heart aches;
I’m half a world away here
«
Half A World Away – R.E.M. (Out Of Time, 1991)


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